viernes, 10 de febrero de 2012

MATIAS MONTERO

MATIAS MONTERO

Matias Montero
“Sinceramente convencido de que su ideario viene para abrir un camino salvador en la actual confusión político social, envío desde luego mi adhesión y le ruego me envíe folletos que expliquen detalladamente lo que va a ser el partido. Yo soy estudiante de Medicina y tengo 17 años, pero me falta muy poco tiempo para cumplir dieciocho años”.
Con estas palabras se adhería  Matías montero, a La conquista del estado de Ramiro Ledesma Ramos, el 9 de febrero de 1931. A partir de ese momento se unía a la lucha por la revolución española, una revolución basada en el amor a la patria y a la justicia social. Eran años difíciles donde salir a vender un periódico, que los quiosqueros temían ó no querían vender, era jugarse la vida.
Al poco tiempo se convierte en miembro de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS) y a finales de 1933, cuando ya tiene 20 años de vida, es uno de los primeros afiliados de Falange Española, destacándose como uno de los militantes más entusiastas de la causa falangista, lo que le lleva a escribir en la sección “Falanges Universitarias” del semanario “FE”.
Con motivo de la aparición del semanario “FE”, se desencadenó una tremenda ofensiva contra la publicación, negándose los quioscos públicos y los vendedores profesionales a su difusión, por lo cual tuvieron que realizar la venta los propios militantes del partido. Ahí tenían los rojos su ocasión semanal para organizar en las calles la persecución y violencia contra los falangistas.
Y así, el 11 de enero de 1934 fue muerto a tiros el joven Francisco de Paula Sampol, que acababa de adquirir el periódico en la calle de Alcalá.
El día 27 de enero era asesinado en la calle Clavel, el capataz de venta del semanario “FE”, Vicente Pérez.
El 3 de febrero, en la Gran Vía, resultaron heridos de bala dos estudiantes de Falange Española que vendían el periódico.
También cayeron asesinados José Ruiz de la Hermosa, Manuel Rodríguez Gimeno, José García Vara, Tomás Polo, Juan Lara, Manuel Carrión y Juan Cuéllar de 18 años que lo mataron destrozándole la cabeza con una piedra...
Esas violencias no tenían sentido alguno de represalia, ya que Falange Española en este tiempo no dio ocasión para ello.
En el anochecer madrileño del viernes 9 de febrero de 1934, Matías tras participar en la venta del número 6 de “FE”, regresa a su domicilio, en la calle Marqués de Urquijo, 21 - 3º, en el barrio de Argüelles. Matías, que es huérfano, vive con sus hermanos y sus dos tías, Rafaela y Rosario, la primera oficinista y la segunda locutora de la Compañía Telefónica.
En la calle Quintana, a pocas manzanas de su hogar, se despide de Bonet, amigo suyo que le ha acompañado hasta allí. Matías, sigue en su recorrido por la calle Juan Álvarez de Mendizábal, donde le están esperando dos izquierdistas. Uno de ellos es Francisco Tello Tortajada, obrero afiliado al PSOE y a las Juventudes Socialistas e integrante de “Vindicación”, grupo comandado por Santiago Carrillo.
Matías Montero no tiene tiempo de ver a sus agresores, y de dos disparos a traición por la espalda, le alcanzan en el corazón, provocándole rápidamente la muerte al joven falangista. Su asesino aún se acercó a rematarle, ya en el suelo, con otros tres disparos en el vientre, tras lo cual huyó, dejando a Matías tendido en el suelo, rodeado de un charco de sangre.

El sepelio se desarrolla con gran emoción, en silencio y sin gritos de odio o rencor. José Antonio Primo de Rivera, ante la tumba abierta que recoge los restos de Matías, pronuncia estas breves palabras:
«Aquí tenemos, ya en tierra, a uno de nuestros mejores camaradas. Nos da la lección magnífica de su silencio. Otros, cómodamente, nos aconsejarían desde sus casas ser más animosos, más combativos, más duros en  las represalias. Es muy fácil aconsejar. Pero Matías Montero no aconsejó ni habló: se limitó a salir a la calle a cumplir con su deber, aun sabiendo que probablemente en la calle le aguardaba la muerte. Lo sabía porque se lo tenían anunciado. Poco antes de morir dijo: “Sé que estoy amenazado de muerte, pero no me importa si es para bien de España y de su causa”. No pasó mucho tiempo sin que una bala le diera cabalmente en el corazón, donde se acrisolaba su amor a España y su amor a la Falange»
“¡Hermano y camarada Matías Montero y Rodríguez de Trujillo! Gracias por tu ejemplo”.
“Que Dios te dé su eterno descanso y a nosotros nos niegue el descanso hasta que sepamos ganar para España la cosecha que siembra tu muerte”.
“Por última vez: Matías Montero y Rodríguez de Trujillo”.
Todos los asistentes, ante la invocación postrera del nombre del camarada caído, contestan “¡Presente!”, alzando sus brazos en forma de saludo romano.
A pesar de ser conocidos todos estos extremos, la mentirosa izquierda española, no duda en intentar justificar su violencia, como defensa ante los ataque fascistas.
Nueve falangistas tuvieron que ser asesinados, para que la Falange se viera en la obligación de responder a la violencia con la violencia.
Por supuesto la estupida ley de desmemoria histórica nada de esto quiere saber, todo ello claro esta con la complicidad de la nauseabunda derecha española, que eso si ya en aquel entonces animaba a la Falange a tomar las armas, que ellos no tenían bemoles para coger.

Manuel Maqueda
Fuente web Generalísimo Francisco Franco