lunes, 26 de marzo de 2012

D. JOSE MIRANDA CALVO

D. José Miranda Calvo
Un toledano en la División 250
Coronel de Infantería




De mano de mi camarada y amigo Fernando Cruz, os traigo el archivo secreto del coronel D. José Miranda Calvo, publicado en el prestigioso foro memoriablau y que nos narra el paso de este coronel por las filas de la división azul.
 Dado el interés del escrito y el gran aporte de pequeños detalles sobre la vida en el frente, os lo traslado integro, tal cual, se ha publicado en el memoriablau.





Las rotativas y emisiones de todos los medios de comunicación así como los titulares altisonantes de la pléyade de comentaristas de diversa índole, anunciaban en dicho día el doblemente preocupante acontecimiento…
¡Alemania invade Rusia…!
Decimos doblemente preocupante, por el giro ascensional que tal hecho imprimía al conflicto armado mundial existente desde 1939 entre las grandes potencias, cuyas proporciones, indudablemente, se agigantarían ante dicha declaración.
En cuanto a nuestro suelo nacional, independientemente de sus connotaciones políticas superiores, se produjo un clima propagandístico de primera magnitud como consecuencia de las circunstancias ambientales derivadas de nuestra todavía reciente contienda civil, basado en la réplica que cabía ofrecer por la pasada intervención dolosa del régimen comunista soviético, que cabía sintetizarlo bajo el lema de “Rusia es culpable”, desembocando consecuentemente en una generosa movilización de ayuda a los alemanes y cuyo éxito desbordó inicialmente todas las previsiones.
A lo largo, pues, del mes de julio, las filas y encuadramiento de voluntarios agrupados en los centros militares demandando su incorporación, vino a suponer un común denominador en peculiar entremezcla de orígenes y formación de los interesados.
Universitarios, falangistas, veteranos de la anterior contienda civil, mozos campesinos, etc., todos ellos en abigarrada conjunción de ocultos y privados sentimientos, tal vez, todavía inexplicables para buena parte de los comentaristas de turno, rivalizaron por el logro de sus peticiones.
Nadie podrá dudar de su voluntariedad.
De ahí, el respeto que merecen sus diversas motivaciones, de modo similar a las que otros realizaron en distintas ocasiones y circunstancias.
En cuanto a Toledo se refiere, me encontraba nuevamente en nuestra querida ciudad en mi condición de Oficial Provisional de Infantería, tras mi regreso de África, por haber cesado en mi anterior destino en la Meha-la de Melilla.

Mi sorpresa absoluta se produjo cuando por varios amigos y conocidos que presenciaron el desfile del contingente inicial de toledanos voluntarios, supe que entre dicho grupo estaba mi hermano menor, Rufino, y lo mismo provocó en el seno de nuestra familia.
De su participación en este contingente, paulatinamente, supimos de su paso por Vitoria, de su encuadramiento, de su viaje a través de Francia y Alemania, con su llegada al campamento de Grafenwor (Baviera), así como su destino en la Unidad de Zapadores. Después, recorrería tierras polacas en tren, y tras interminables marchas a pié llegaría, atravesando el corazón de las tierras rusas, a Witebs. Desde allí la División 250 sería enviada al frente del río Wolchow en la región NE. de Rusia encuadrada en el Cuerpo de Ejército XXXVIII, adscrito al Ejército XVIII (Sector Nowgorod-Wolchow), entrando en línea a mediados de octubre de 1941 sobre la margen izquierda del mencionado río.
Véase croquis núm. 1
A grandes rasgos, sabemos, a través de los datos de los propios actuantes así como por los informes oficiales y demás testimonios conocidos, que sufrieron penosas jornadas en aquel frente, motivadas tanto por las durísimas incidencias climatológicas al adelantarse el periodo invernal con la serie de fuertes y continuadas nevadas complementadas con sucesivas series de heladas, como por los fuertes y enconados combates acaecidos en dicho sector.
Esos combates se debieron a la ofensiva ordenada para atravesar el río Wolchow, y poder establecer una fuerte cabeza de puente al otro lado. Con ello se pretendía facilitar el avance hacia el Norte y estrechar el cerco sobre Leningrado (San Petersburgo) por las cercanías del Lago Ladoga, en conjunción con fuerzas alemanas.
< Croquis nº 1.- Despliegue inicial en el Wolchow.
A partir del 18 de octubre comenzó la ofensiva que inicialmente se desarrolló con éxito, ocupándose los pueblos de Smelko, Russa, Sitno, Tigoda, Nikilino, si bien se fracasaría inicialmente ante la imposibilidad de tomar Dubroka, dada la resistencia encontrada en los llamados “Cuarteles”, conjuntándose dichos éxitos con los de los alemanes en las localidades de Chewelevo, Otenski, Possad y Wischera, que fueron cedidos a las fuerzas divisionarias hispanas en clara alienación del frente a su cargo.
Croquis núm. 2
La dureza invernal anticipada, junto con la inadecuada vestimenta protectora y la carencia de otros medios necesarios, impidió la continuación de la ofensiva por la imposibilidad de coordinación de la infantería, apoyo artillero, material rodante y abastecimientos de boca y fuego, a más de la serie de bajas que comenzaron a producirse por congelación, que asimismo alcanzaba al material de guerra y rodante. El invierno de Rusia, sabemos todos, es su principal aliado.
Los rusos, conocedores de la situación y paralización del esfuerzo anterior, no dudaron en responder con su contraofensiva al amparo de las circunstancias climatológicas que en tan alto grado les favorecía.
Así pues, reuniendo auténtica superioridad numérica con el empleo de dos divisiones, emprendieron una serie de combates sucesivos a lo largo de los meses de noviembre y diciembre obligando a nuestras tropas a repasar el río Wolchow, así como a los alemanes, estableciendo, a su vez, una cabeza de puente que les permitía mantener en su poder ambas orillas del curso fluvial desde el pueblo de Gorka al Lago Ilmen, paliando con ello la presión sobre el cerco de Leningrado (San Petersburgo).
Croquis núm. 1 y 2
Las embestidas rusas cobraron excepcional violencia sobre las localidades de Possad y Otenski, contrarrestadas con excepcional bravura e intrepidez de las unidades divisionarias defensoras, cuyo heroísmo determinó la ralentización del avance enemigo que confiaba en su envolvimiento general.
Croquis núm. 2
Hasta tal punto llegó el asombro de la resistencia y valor de los divisionarios, que el propio General Jefe del Cuerpo de Ejército alemán llegó y observó desde el cercano lugar de Sapolje tratando de ver qué clase de hombres eran aquellos españoles, no dudando en reflejar su heroísmo como mención de honor en los partes oficiales.
Croquis núm. 2
Ciertamente, quedará entre los partícipes el recuerdo de la serie de hechos de tantos de sus compañeros, que, con su resistencia, impidieron que el enemigo lograra su rápido triunfo, facilitando así la progresiva retirada del grueso al otro lado del río Wolchow iniciada el 8 de diciembre.
Tras dichas acciones se sucedió la gesta sobre el Lago Ilmen liberando a las fuerzas alemanas cercadas en dicho lugar y, posteriormente, su intervención en la llamada “Bolsa del Wolchow”, cuya duración se prolongó desde abril a junio de 1942 en las que, colaborando con los alemanes, consiguieron no sólo abortar la gran maniobra rusa de cercarlos, sino, a su vez, cercar y aprisionar a la mayoría de la unidades rusas.
A partir, pues, de dichas actuaciones, sobrevino el esperado relevo que obligatoriamente alcanzó primeramente tanto a los casados, a los heridos, por más que estuviesen restablecidos, a los menores de 18 años, y a quienes hubiesen sufrido la baja de su hermano, cuyos preparativos comenzaron a partir de fines del mes de abril.
A lo largo del mes de abril y mayo, sin embargo, conocieron la temida época del deshielo que convierte aquellas tierras en un inmenso barrizal debido a la enorme capa de nieve que cubre el suelo con su lenta absorción, acompañada de las plagas de mosquitos que obligan necesariamente a la utilización de amplios mosquiteros que prácticamente envuelven desde la cabeza a las rodillas imposibilitando la justeza de movimientos. Junto a dichos recuerdos se unían los de los 1.400 compañeros muertos soterrados en la región del Wolchow.
Paralelamente a los preparativos del relevo, se realizó en España la operación consabida de encuadramiento de los nuevos contingentes de voluntarios que marcharían a ocupar el hueco de los que regresaran.
Aquí, pues, doy paso a mi contribución personal.
< Croquis nº 2.- Despliegue en el Wolchow después de la cabeza de puente alcanzada por los rusos.
Tras los trámites reglamentarios de curso de mi petición, aprobación y obtención del pasaporte el 3 de mayo de 1942, despedida familiar y la ilusionada con mí entonces novia, posteriormente mi mujer, embarqué en Madrid el 5 de mayo con dirección a Logroño por ser el centro de mi acuartelamiento.
Todos sabemos que en aquellos años, nuestros trenes no eran una emulación del Oriente Express, llegando a media mañana al corazón riojano con tiempo suficiente para efectuar mi presentación en el Gobierno Militar y conocer el acuartelamiento.
En Logroño permanecimos hasta el 7 de junio sometidos a intenso periodo de adiestramiento castrense, con las nuevas técnicas, finalizado con jubiloso desfile de despedida, emprendiendo la marcha hacia la frontera previa parada técnica en Vitoria, con motivo de cruzarnos con el tren de repatriados procedentes de Rusia.
Cabe imaginar mi alegría, al constatar tras nerviosas indagaciones, que entre el grupo de toledanos repatriados figuraba mi hermano Rufino, que por la congelación de sus pies permanecía dentro del vagón pudiendo abrazarnos e intercambiarnos nuestros más íntimos y esperanzados sentimientos.
Reanudada la marcha y paso de la frontera, la llegada a Hendaya nos deparó una larga e intensa jornada con el consabido cambio de moneda, instrucciones de viaje, comportamiento, etc., toda vez que la mayoría del tiempo viajaríamos de noche por cuestión de seguridad. El recorrido posterior siguiendo el eje tradicional viario, a través de Angulema, Tours, Orleans, Poitiers, Nancy, etc., desembocó en la frontera franco-alemana el 21 de junio llegando al día siguiente al campamento general de Grafemwor (Baviera).
En dicho campamento, cuya amplitud y efectividad de instalaciones colmaban las exigencias, permanecimos hasta el 1 de julio dedicados a sólidos ejercicios de adiestramiento y conocimiento de las nuevas técnicas armas, alternados con esporádicos permisos para conocimiento de la comarca basados en la ciudad de Nuremberg.
Las tierras que atravesamos en nuestra marcha hacia el frente, a través de Polonia y Lituania especialmente, a simple vista, mostraban las huellas de la guerra, notoriamente en Grodno, así como la pobreza e indiferencia de sus gentes con su desánimo y pasividad, más acusado en los grupos de prisioneros encargados de trabajos de desescombro, situación que se atenuó a nuestro paso por Letonia y entrada en tierras rusas por la ciudad de Pleskau.
El recorrido interior vía Pleskau-Luga, con la sucesión de sus llanuras y zonas boscosas alternadas con claros vestigios de los combates, culminó con nuestra llegada a Grigorowo el 5 de julio, cuya localidad por ser próxima al frente asignado obligó a realizar el resto de la marcha de aproximación a pie en dirección inmediata a Lechino, lugar de dislocación de las unidades, una vez que fueron asignados los diferentes destinos.
La misma noche de la llegada tuvimos una muy bonita recepción a cargo de la aviación rusa y de su artillería, cual cortés tarjeta de presentación en honor a los nuevos huéspedes.
El 9 de julio de 1942 emprendimos la marcha a pié en dirección al frente asignado en la propia cabeza de puente rusa establecida sobre el sector Sapolge-Teremez-Lejalvino, siendo descubiertos a lo largo de la marcha por la artillería y aviación rusa que no dudaron durante los 30 Km. de la agotadora marcha con obsequiarnos con sendas andanadas de sus “dátiles” obligándonos a besar el suelo en reiteradas ocasiones en señal de respetuoso agradecimiento.
Croquis núm. 2
A simple vista del terreno, esta región del NE. de Rusia, totalmente presidida por el curso fluvial del Wolchow y la histórica ciudad de Nowgorod, se caracteriza por sus llanuras esteparias con suaves ondulaciones descendentes sobre el río Wolchow, con prodigalidad de zonas boscosas, ausencia de suelos pedregosos, pequeños pueblos bastante deteriorados por la guerra, con pequeños núcleos poblacionales que colaboraban sumisamente con los ocupantes especialmente en el acondicionamiento de los caminos, con la colocación de rollizos de madera, para soslayar el paso de las zonas más encharcadas dada la escasa absorción del deshielo.
La ciudad de Nowgorod, que los divisionarios desde el principio convirtieron en su propia ciudad, al margen del muestrario nítido de las huellas de la guerra, mostraba orgullosamente las torres bizantinas de sus distintos templos con los bulbos dorados en sus cúpulas, las murallas del antigua Kremlin en muestra del pasado histórico imperial agrupando a los antiguos palacetes de la aristocracia cercana a la corte de Pedro I el Grande, así como las semiderruidas naves catedralicias.
La carretera principal que enlazaba Nowgorod con Leningrado constituía el centro y paso obligado del dispositivo logístico del frente, cuyos distintos cruces de caminos eran el blanco preferido de la artillería rusa, que en honor a la verdad mostraba una eficacia nada común.
Militarmente, nuestras preocupaciones y penalidades tuvieron una doble motivación. Por una parte, el verano se adelantaba con sus consabidas plagas de mosquitos y permanente humedad. A ello se unían las interminables horas de luz que presidían el día entero, salvo el escaso tiempo de penumbra, haciendo honor al reclamo turístico de las famosas jornadas sin noche de esta región norteña, lo que nos obligaba a una dura adaptación y a la falta normal de conciliación del sueño y del necesario descanso, que conllevaba irritabilidad añadida, dando lugar a correlativas consecuencias en la alerta y vigilancia de los puestos de centinelas y escuchas avanzados. Y por otra, la construcción de las trincheras en línea, siguiendo la costumbre alemana, en clara diferenciación con el sistema español más proclive a la organización de distintos centros de resistencia en profundidad, escalonados y flanqueantes, a cuya finalidad dedicamos buena parte de nuestro tiempo y trabajos, siempre y cuando las andanadas artilleras rusas permitieran su continuidad.
Nuestra unidad, el 3º Batallón del Regimiento 263, ocupó el sector norte del dispositivo de la División entre Sapolge-Teremez, con enlace con las unidades alemanas, toda vez que los otros Regimientos, el 262 y el 269, se encontraban más al sur, manteniendo las posiciones avanzadas denominadas “El Dedo” y “La Nariz”, dada su conformación sobre el terreno en clara profundidad sobre el dispositivo enemigo. Esta situación se traducía en el frecuente, aunque discontinuo, martilleo artillero y morteros, con fugaces apariciones de bengalas nocturnas para alumbrar el bombardeo de un solo aparato ruso conocido como “la Parrala”, por sus inesperadas apariciones, independientemente del bombardeo masivo a baja altura llevado a cabo los días 14 y 18 de julio, afortunadamente sin consecuencias de gravedad.
Croquis núm. 2
La proximidad del enemigo y su posición dominante sobre buena parte de nuestras posiciones obligó a frecuentes reconocimientos para la detección de minas que facilitasen su limpieza para supuestos golpes de mano, que por nuestra parte no llegaron a realizarse.
Por el contrario, el enemigo nos sorprendió durante los últimos días de julio con intenso cañoneo y con visitas de la aviación, desencadenando el 31 de julio un fortísimo ataque general contra nuestras posiciones seguido del asalto a las mismas, con clara intención de eliminar la punta avanzada de las mismas sobre su dispositivo, cuyo resultado inicial fue la pérdida de las mismas dada su incontestable superioridad numérica y de fuego.
Rápidamente, el mando propio no dudó, tras la reorganización y refuerzo de las unidades, el apoyo de una Compañía de Zapadores y de una batería de acompañamiento inmediato, en lanzar el oportuno contraataque antes de la consolidación de las posiciones por el enemigo, con pleno éxito y destrucción de los atacantes que, tal vez, no esperaban una reacción tan rápida, restableciéndose la situación con toda normalidad.
A este respecto, y dada la experiencia constatada, debemos recalcar que el soldado ruso ataca en cerradas masas con sus hurras careciendo de iniciativa propia en caso desfavorable, contrariamente a nuestros soldados que en cualquier situación demuestran una clara iniciativa y espontaneidad para hacer frente a la misma, y de los que pudimos presenciar múltiples ejemplos.
No puedo por menos de relatar una anécdota de verdadero gracejo con motivo de esta acción, puesto que a las 48 horas de la misma, recibí la orden de acompañar a nuestro General Jefe Muñoz Grandes que vino a conocer de primera mano las incidencias. Tras su exposición por el Jefe del sector, mostró su interés por conocer la situación de la Compañía de Zapadores que en tan alto grado ayudó a restablecer la situación.
Para llegar a la posición donde se encontraba la unidad tuvimos que realizar un sinuoso recorrido entre zonas llenas de barro y plagadas de mosquitos. Al llegar la Compañía estaba avisada y formada con su capitán al frente. Éste le saludó con la usual frase de “sin novedad en la 3ª Compañía de Zapadores”, pero el General Muñoz Grande, permaneció sin contestar, por lo que el capitán repitió su saludo.
Ante esta nueva salutación, el General mirándole fijamente le contestó diciendo: “…Cómo que sin novedad, Capitán, y eso que es” El capitán, sorprendido ante el brazo levantado del General con su dedo indicativo hacia arriba, levantó su vista hacia el letrero que tenía en lo alto de su chabola que decía “Jódete y no haber venido”, se apresuró a contestar “Mi General, es el lema de la Compañía para que no protesten”, a lo cual el General, ya más distendido, respondió: “Creía que era por mi”, dando lugar a las risas y total distensión seguida de la promesa del envío de unas botellas de brandy español.
Tras dicha acción, que por otra parte se desarrolló en medio de un temporal de agua y fango que venía azotando desde días antes, el resto del verano transcurrió sin grandes incidencias a salvo de las habituales alternativas de cañoneo artillero y morteros junto a las visitas imprevistas nocturnas de “la Parrala”, todo ello con la incipiente rumorología del próximo relevo por cambio de frente.
Efectivamente, el 16 de agosto recibimos la noticia de nuestra marcha y retirada general en dirección a la comarca de Wiritza-Sablino y alrededores, sobre cuyos lugares quedó establecida la División en plan de descanso y ligeros ejercicios con miras a su traslado al sector de Leningrado (San Petersburgo).
Una vez llegados a Sablino, paraje que correspondió a nuestra Unidad, comprobamos que dicha zona era diametralmente distinta a la del Wolchow, puesto que tanto Wiritza como Sablino, tal vez este en menor grado, eran pequeñas ciudades dotadas de avenidas arbóreas, campos verdes y lugares de paseo, que, unido a la suave temperatura, constituyeron una verdadera delicia.
La población no presentaba el aspecto mísero de la del Wolchow. Se apreciaba una mayoría de jóvenes, con porte agradable, amistoso, soportando con humor nuestra compañía y ajetreo, siendo frecuente las reuniones en sus casas con acompañamiento de música a base de gramófonos y acordeón, bien entremezcladas con aguardiente de ciruelas y el consabido vodka, si bien la vigilancia alemana por la calles imponía su silencio al punto de anochecer.
Una de las novedades más sorprendentes, tanto en la zona del Wolchow como en ésta, fue la de los baños, por más que aquí tuviesen mejor construcción y amplitud.
Los baños estaban construidos sobre unas barracas de troncos de madera con un hogar en el centro y bancos alrededor de la lumbre. El contraste de temperatura se producía de inmediato, puesto que, si bien pasábamos al baño envueltos en toda clase de prendas de abrigo, el cambio se producía de inmediato como consecuencia del calor sofocante que el vapor producía.
El personal, hombres y mujeres, se desnudaban en un único cuarto permaneciendo desnudos todo el tiempo del baño, inhalando el vapor y echándose el agua a la espalda mediante grandes jarras de aluminio. Los había que se golpeaban la espalda con ramas para estimular en mayor grado la sudoración, de una forma similar a la practicada por algunos penitentes durante la Semana Santa española.
El baño, pues, se tomaba conjuntamente, hombres y mujeres, con toda naturalidad desnudos, por ser costumbre habitual desde su infancia.
Las mujeres, en general, salvo excepciones, eran muy honestas ya que la mujer rusa no se entregaba con facilidad, a salvo de besuqueos sin mayor trascendencia, debiendo conquistarlas sentimentalmente.
La población, en general, según mi observación, demostraba alta sensibilidad, pasividad en sus gestos y conducta, refugiándose en la música, aspecto tradicional que compensaba sus atisbos de tristeza.
El comportamiento generalizado del contingente español, debemos proclamarlo, fue siempre con la población rusa de sincera humanidad, compatibilizando respetuosamente su trato y ayudas, en contraste abierto con la indiferencia que mostraban los soldados alemanes, carentes del humanismo de los españoles.
El 20 de agosto de 1942 recibimos la orden de alerta y preparación para el nuevo frente, recibiendo al nuevo General Esteban Infantes. Tras marchar lentamente, dada la intensa presencia de la aviación rusa con sus pasadas y ametrallamientos, entramos definitivamente en línea sobre el sector de Puschkin el día 6 de septiembre.
La División ocupó un frente relativamente reducido entre 25 y 30 km., cuyo límite extremo izquierdo correspondió a nuestro Regimiento 263 desde Alexandrowka, con enlace sobre la Legión letona, y por el derecho llegaba hasta Krasnybor frente a Kolpino, arrabal de Leningrado, cubierto por el Regimiento 262, ocupando el centro el Regimiento 269.
Croquis nº 3.- Despliegue inicial en el frente de Leningrado. (Puschkin)
Era un frente totalmente urbano situado en los arrabales de Leningrado, lleno de palacios y villas de recreo, con vías de comunicación semejantes a una red de araña, ferrocarril, etc., surcado por el río Slawianka y el Ishora.
Los observatorios enclavados fluidamente permitían contemplar el enjambre de alambradas, tierras acribilladas por los obuses, fábricas semiderruidas y especialmente los faldones del trazado del ferrocarril convertidos en auténticos trincherones.
Desde nuestra llegada y posiciones contemplábamos todas las noches el espectáculo de las defensas antiaéreas de Leningrado, tal vez, la más completa red de la contienda, que iluminaban la totalidad del cielo al menor signo de aparición de la aviación alemana con el entrecruce de decenas de reflectores.
Curiosamente, en nuestro deambular por las calles de Puschkin, cercanas al Palacio de Catalina, encontré la casa dónde estuvieron alojados los niños españoles enviados a Rusia desde Asturias cuyos libros y algunos enseres se mantenían esparcidos por el suelo, no dudando en recoger un diccionario ruso-español y viceversa que conservo y tanto ayudó durante nuestra permanencia.
Nuestra posición quedaba relativamente cercana al Palacio de Catalina, que, a pesar de los destrozos causados por la propia artillería rusa, seguía manteniendo un majestuoso aspecto en relación al resto del conjunto urbano con excelentes condiciones de observación a pesar de sus riesgos por el fuego artillero enemigo.
Nuestro Regimiento, el 263, mandado por el toledano Coronel Villalba con su segundo Jefe el también toledano Teniente Coronel Pérez Bolomburu, de origen “sonsecano”, al que quedé adscrito como oficial de Órdenes, era conocido como la Unidad de “los bolos” como así se nos conoce a los toledanos, por el hecho de que la gran mayoría de los oficiales que estábamos en el mismo teníamos esa procedencia. Así, entre los que nos contábamos en Puschkin, estaban Aramendi, Manrique, Lafuente, los Pintado, Moraleda, Fuentes Gómez de Salazar, Beza, Manzano, Beviá, Amores, Villarreal, Trovo, etc., todos repartidos entre Antitanques, Secciones de Asalto, Morteros, Compañías de Fusileros, Observación, etc., a más del talaverano Muro en Ingenieros. Por ello siempre procurábamos intercambiarnos nuestras impresiones y vivencias a través de Radio Macuto o viéndonos si era posible.
Desde nuestra llegada todos comprendimos que la guerra en este sector se desarrollaría en condiciones de extrema dureza, toda vez que enseguida pudimos comprobar que no cesaba el hostigamiento artillero ni el fuego de morteros tanto de día como de noche.
Por otra parte, constatamos igualmente, una vez más, el alineamiento de los atrincheramientos, con verdadera falta de profundidad, por lo que tuvimos que trabajar en su mejor organización con la construcción de diversos puntos fuertes, escalonados y flanqueantes, que proporcionasen mayor eficacia.
Tal vez, según los rumores que circulaban, ello se debiera al pensamiento del mando alemán de una pronta ofensiva y asalto sobre Leningrado, si bien supimos que el fracaso de sus planes en el Sur les obligaría a desistir.
Como nuevos huéspedes en la zona, prontamente fuimos obsequiados con verdaderos redobles artilleros, visitas nocturnas de “la Parrala”, profusión de fuego de morteros y proximidad de patrullas enemigas en claros intentos de tanteo, obligándonos a frecuentes refuerzos en las posiciones más avanzadas.
La lluvia y el viento otoñal comenzaron con fuerza inusitada desde el inicio de septiembre, provocando mayores dificultades en cuanto a vigilancia se refiere, puesto que cualquier acrecentamiento de ruidos extraños aumentaba la tensión por la supuesta presencia enemiga.
A renglón seguido, el invierno hizo su presencia antes de lo previsto, lo que el enemigo aprovechó para aumentar las fases de su hostigamiento de fuego y para iniciar ataques a nuestras posiciones, especialmente sobre las compañías 9ª del III Batallón y 5ª y 6ª del II, obligándonos a continuas vigilias nocturnas sin contrapartida de día.
Confieso que mi falta total de sueño, determinó que el 14 de noviembre, al caer un proyectil sobre la guarida que teníamos, hiriendo al Capitán Trovo, siguiera dormido sin apenas enterarme en la creencia de que era una explosión más de las cercanas que caían, no conociendo la realidad hasta bien entrada la mañana.
El mes de diciembre transcurrió con sus fuertes nevadas y ventiscas que llegaban acompañadas de temperaturas de 20 o 25 grados bajo cero, a más de los consabidos ataques, sin que por ello dejáramos de saborear el aguinaldo llegado desde España, y de celebrar, especialmente, en nuestra intimidad la festividad de Nochebuena Navidad.
¡Qué recuerdos nostálgicos pervivieron en nosotros durante aquellos días!
Todos, tanto los soldados como los mandos, nos afanamos conjuntamente en su conmemoración, ofreciendo nuestras oraciones y recuerdos entremezclados con los villancicos y el ruido del rascado de las botellas a modo del repique de panderetas.
La tensión originada por la actividad enemiga sobre el conjunto del sector, determinó, que por nuestra parte, se realizara un fuerte golpe de mano sobre las avanzadillas rusas cercanas a Kolpino con total éxito el día 29 de diciembre, si bien sufrimos la muerte del Teniente Muro, nuestro querido paisano que fue condecorado con la Medalla Militar individual por su heroico comportamiento en la acción. Ese mismo día murió otro toledano, el Capitán Pintado al pié de su propia posición.
La intensificación de la actividad del enemigo trasladada igualmente a nuestro sector, originó un nuevo golpe de mano llevado a cabo por nuestra 15ª Compañía y Sección de apoyo con igual éxito y captura de prisioneros.
Este feliz resultado fue en extremo oportuno dada la valiosa información recogida sobre la preparación de un próximo y general ataque al conjunto divisionario.
Y, efectivamente, se produjo el 16 de enero de 1943 sobre el sector extremo derecho del dispositivo (Poselok), ocupado por fuerzas alemanas. Y éstas se vieron en tal situación que solicitaron nuestra ayuda, acudiendo con este fin el 2º Batallón del Regimiento 269.


Croquis núm. 4
Los combates fueron tan sangrientos, dado el imperativo de impedir su avance y penetración, que
 Cuando dicha Unidad fue relevada el 26 de ese mes, solamente pudieron formar el teniente Soriano, 6 sargentos y 20 soldados. Había muerto su capitán Masip, herido de 3 balazos, y estaba herido de gravedad el capitán jefe Patiño Montes. Por sus acciones serían condecorados con la Cruz Laureada de San Fernando y la Medalla Militar individual, respectivamente.
Los episodios vividos por dicha Unidad, con sus reacciones y reiterados ataques a la bayoneta para rechazar las masas enemigas, mientras sufrían el incesante
Croquis nº 4.- Combates de Poselok por el Batallón 2º del Regimiento 269.fuego enemigo, despertaron, una vez más, la admiración general y el respeto por su sacrificio. Todo ello espoleó en nosotros la determinación clara de emularlos.
La ocasión no tardaría en presentarse.
Tras el mencionado ataque al sector contiguo alemán desplegado al Sur del Lago Ladoga (Poselok) en claro intento de aliviar el cerco sobre Leningrado, nuestro mando entendió, gracias a las informaciones obtenidas de los prisioneros, que los rusos intentarían repetirlo por cualquier otro lugar del dispositivo divisionario. Tenían a su favor las gélidas temperaturas de aquellas fechas, con sus 30 grados bajo cero, y las largas noches invernales que tantas penalidades causaban en la vigilancia desde las trincheras.
También presagiaban la acción la sucesiva intensificación del fuego artillero y de morteros, señal inequívoca, al producirse desde distintos lugares, de la entrada de nuevas baterías, así como el merodeo de un mayor número de patrullas de reconocimiento.
Las sucesivas informaciones recogidas de los propios observatorios, demostraban, igualmente, la acumulación de unidades y carros de combate viniendo a disipar las posibles dudas. De ahí, las permanentes alertas, refuerzos y demás preparativos de defensa a ultranza que se vinieron sucediendo desde comienzos de febrero de 1943.
Efectivamente, el 10 de febrero en el sector extremo derecho correspondiente al río Ishora-Kolpino, que estaba al mando del Coronel Sagrado con su Regimiento 262, comenzó al amanecer una imponente preparación artillera y morteros que paulatinamente fue extendiéndose al resto del dispositivo divisionario, acompañado, tras tres horas de incesante cañoneo, del ataque frontal de la masas rusas precedidas por los carros de combate, al propio tiempo que la aviación enemiga ametrallaba la retaguardia con sus vuelos a baja altura.

Croquis núm. 5
Nuestro sector de Puschkin, del Regimiento 263, al igual que el del 269, fue afectado solamente por un intenso cañoneo y por tibios intentos de ataque, con la clara intención de fijarnos sobre el terreno e impedir la llegada de ayuda al Regimiento 262.
He de confesar que, durante dicho cañoneo y recorriendo la línea de la 12ª Compañía con su jefe el Capitán Fuentes, al doblar uno de los agudos recodos de la trinchera nos cayó un morterazo causando la baja del enlace que nos seguía y que aún no lo había doblado.
Posteriormente, como consecuencia del fuego cruzado que manteníamos, quedé verdaderamente sorprendido al sentir perforada mi cantimplora, repleta de brandy español, que sobresalía holgadamente del asidero del cinturón, sin que pudiese precisar la dirección del impacto, puesto que, a primera vista, llegaban por todos sitios.
La penetración enemiga dio lugar a durísimos combates, conocidos conjuntamente como la batalla de Krasnybor por ser su centro de gravedad. Esos combates, que se sucedieron principalmente entre los días 10 al 15 de febrero, aplastaron prácticamente al Regimiento 262, pues las bajas llegaron a ser del 90% de sus efectivos en la mayor parte de sus unidades, consiguiendo abrir una brecha que amenazaba lograr un envolvimiento general.
Los esfuerzos para su taponamiento fueron ímprobos y muy acertados, acudiendo en su ayuda inicialmente sendos batallones de los Regimientos 263 y 269, por estar menos amenazados, así como otras unidades de reserva del Cuerpo de ejército. La gravedad de la situación era tal, al conseguir abrir una brecha de 4 Km. de frente por 7 de profundidad, que llegaron a ser voladas, por sus servidores, las piezas de artillería del 1º Grupo que apoyaban al sector, ante la proximidad del enemigo. Esos artilleros se reconvirtieron en nuevos combatientes a pié al mando de su Comandante Reinlein.
A partir del 15 de febrero comenzó a declinar la intensidad de los combates, aunque continuaron a lo largo el mes con menor intensidad. La línea quedó consolidada algo más a retaguardia, una vez que se consiguió detener la ofensiva rusa impidiendo el pretendido envolvimiento.

Croquis núm. 6
Por las informaciones obtenidas de prisioneros rusos, éstos emplearon en la ofensiva nada menos que tres divisiones compuestas por unos 30.000 hombres, dos batallones de morteros del calibre 80, dos batallones de antitanques del 70, y uno de carros de combate medios y pesados, con el respaldo de más de 180 baterías del 12,40 y 20,3. Sus bajas fueron estimadas en unos 10.000 o 12.000 hombres.
Croquis nº 5.- Despliegue del frente de Leningrado (Puschkin) anterior a la batalla de Krasnybor.
Las nuestras se cifraron en unas 3.200, de las que más de 1.400 fueron muertos. El Regimiento 262 quedó triturado, así como el 1º Grupo de Artillería y buena parte de las unidades complementarías, tales como Zapadores, Antitanques, etc., dando lugar a incontables actos de heroísmo en todos sus componentes, que además de su valor demostraron gran capacidad de iniciativa, en contraste con las masas rusas que atacan directamente en masa pero se retiran fulminantemente al menor signo de contraataque contrario o resistencia denodada.
Muchas de nuestras unidades llegaron a tener el 90% de bajas con la mayoría de sus oficiales muertos o heridos. Otros cayeron prisioneros como los Oroquieta, Palacios, Castillo, Altura, Rosaleny, etc., que afrontarían un cautiverio de 8 años de duración manteniendo permanentemente su moral y dando ejemplo al resto de sus soldados prisioneros, hasta su total repatriación en abril de 1954.
Hemos de proclamar, ante los hechos acontecidos durante los combates, que al igual que ocurriese durante los episodios del Wolchow en Posaad, Otenski y Poselok, que los soldados españoles dieron ejemplo de su heroicidad y demostraron sus cualidades innatas. Por ello volvieron a reproducirse en la presente ocasión similares comportamientos, hasta el punto que entre los componentes propios y extraños se denominó a la División 250 como la División “exacta”, por el hecho de no dejar “resto”.
Los acontecimientos posteriores a la famosa batalla de Krasnybor, de los que pudimos ser testigos, tales como los golpes de mano en nuestro sector del Regimiento 263 o los rechazos de esporádicos ataques preponderantemente nocturnos en su afán de capturar prisioneros a fines de información etc., mantuvieron o acrecentaron el ánimo colectivo.

Llegada la primavera, nuevamente conocimos los sinsabores del deshielo con su barrizal y plagas de mosquitos, del cañoneo, de la aviación, etc., soportados con ánimo creciente ante la proximidad del previsto relevo.
Las noticias de mi ascenso a Teniente Provisional y mi admisión en la Academia para mi transformación en Oficial profesional perteneciente a la 2ª Promoción de Infantería, colmaron mi alegría, así como la concesión de la Cruz del Mérito Miliar con espadas.
Tras la orden de concentrarme en el lugar de Wierlejevo, conocido vulgarmente como Villarelevo, nuestro viaje de regreso constituyó una experiencia inolvidable, toda vez que desde Berlín acordamos un reducidísimo grupo de compañeros realizar una felicísima e inolvidable excursión por Viena, Alpes, París, etc., hasta gastar el penúltimo marco de la “bolsa común” que a tal efecto constituimos a partes iguales.
Al llegar a mi querido Toledo tuve el tiempo preciso para estar en casa, ver a la novia en el cercano Bargas, rezar y mostrar mi agradecimiento a la siempre presente Virgen del Sagrario, pues me tuve que incorporar a la Academia de Guadalajara el 15 de septiembre de 1943.
Atrás quedaron mis recuerdos, emociones y oraciones, con un pensamiento hacia mis compañeros caídos y especialmente con el anhelo que sigue presidiendo mi quehacer, tras la experiencia vivida, cual es que en todo momento exista en los hombres un solo lema:
Paz, paz, y solamente paz.

Manuel Maqueda