viernes, 13 de enero de 2012

EL SITIO DE SAGUNTO

SITIO DE SAGUNTO

Aníbal Barca, comandante supremo del ejercito cartaginés en la península ibérica, decide que ya es hora de romper el pacto de paz con los romanos, acuerdo al que habían llegado después de la primera guerra púnica. Posa su mirada sobre Sagunto, ciudad fuertemente fortificada y aliada directa de Roma. La excusa para comenzar el conflicto y poder justificarlo ante el senado cartaginés fue dar el apoyo a los turbolitanos, aliados de Cartago, en su conflicto contra los saguntinos (conflictos fronterizos que venían de muy largo y que Aníbal se encargo de incendiar.). Sagunto pide ayuda a su gran aliada, Roma, pero estos deciden no hacer caso a la amenaza del joven Aníbal y centrarse en combatir la revuelta de los ilirios.
Así es como en el 219 a.C. se inicia el sitio de Sagunto.
Aníbal cercó la ciudad y decide atacar por tres frentes distintos al mismo tiempo. Para ello usa sus temibles maquinas de guerra, las vineas, para que derriben la muralla con sus arietes. Pero los saguntinos responden ferozmente desde las torres defensivas, haciendo retrocedes el avance cartaginés y destruyendo algunas vineas. Aníbal, que pensaba obtener una victoria fácil y contundente, decide retirarse y atacar al día siguiente. Pero esa misma noche los saguntinos realizan una incursión en el campamento cartaginés produciendo numerosas bajas. Aníbal se centra entonces en derribar primero las torres defensivas. Los cartagineses atacan con sus maquinas de guerra varios puntos de la ciudad a la vez, logrando derribar tres torres y abriendo una brecha en la muralla, los saguntinos tapan rápidamente la brecha creando un muro de lanzas y escudos, tal es su coraje, que no solo consiguen impedir la entrada a la ciudad sino que les hacen retroceder hasta su propio campamento. Los saguntinos rápidamente logran reconstruir la muralla.
No sabemos el nombre del comandante saguntino, pero desde luego era un genio militar y Aníbal seria quien lo iba a pagar. Los saguntinos desarrollan la llamada falarica que consiste en lanzar un madero de tres pies de largo coronado con puntas de hierro, con su astil forrado de estopa e impregnado de pez y azufre negro, al que se le prende fuego lanzándose sobre el enemigo. Esta arma es completamente nueva y los cartagineses huyen aterrados, tanto es así, que se suspenden los ataques durante varios días, tiempo que aprovechan los saguntinos para reforzar y aumentar las murallas.
Roma ante el reclamo de ayuda que le pide Sagunto decide enviar una embajada al senado cartaginés para forzar un acuerdo y que cese el sitio sobre Sagunto, pero el senado cartaginés responde con una negativa, reforzando así la posición de Aníbal como comandante supremo.
El sitio de Sagunto esta hiriendo el orgullo de Aníbal, que decide cambiar la estrategia y reanudar el hostigamiento. Para ello construye una serie de torres de madera gigantes, que portan maquinas de guerra dentro y que protegen a los soldados de las armas arrojadizas saguntinas (son las torres de asedio mas grandes construidas hasta la época).
Consiguen destruir las murallas saguntinas, pero estos han preparado una pequeña sorpresa a los cartagineses, y es que han construido pequeñas murallas adosadas a las casas, creando pequeños recintos fortificados en cada una de las calles, los cuales no precisan de muchos hombres para ser defendidos y que initulizan los arietes cartagineses. Los cartagineses colocan catapultas y ballestas en las zonas más altas de la muralla y de las torres que no dejan de abrir fuego contra los saguntinos. A pesar de todo, los saguntinos consiguen parar el avance cartaginés, aunque a costa de un gran sacrificio humano. La situación de los saguntinos es desesperada, gran parte de la ciudad asolada, sin víveres, (lo que les obliga a comer corteza de árbol y cuero de los escudos reblandecido) y sin esperanzas ya de ninguna ayuda romana piden una rendición honrosa que no es aceptada por Aníbal. Este impone sus condiciones que son totalmente deshonrosas para los saguntinos por lo que deciden apilar en una de las plazas todo los objetos de valor(oro, plata, bronce prendas de vestir, cerámicas, etc.) y prenderle fuego y deciden regirse por esa máxima tan española de “morir antes que entregarse”. Esa misma noche la mayoría de los guerreros saguntinos se lanza en un ataque suicida contra el campamento cartaginés, intentando así morir matando. Las mujeres deciden sacrificar a sus hijos y posteriormente suicidarse. Cuando los cartagineses se deshacen del ataque saguntino a su campamento se lanzan en un asalto sin compasión sobre los pocos habitantes que quedan en Sagunto. Así termina el asedio ininterrumpido de ocho meses sobre la ciudad de Sagunto.
Después de esto el senado romano declara la guerra a Cartago comenzando así la segunda guerra púnica.
La resistencia de los saguntinos se extendió por todos los rincones del mediterráneo y junto con Numancia se ha convertido en ejemplo de resistencia heroica. Aquellos héroes que prefirieron morir con honor ha entregarse y vivir con deshonor, que hicieron frente a un enemigo muy superior a ellos por mantener la palabra dada y que demostraron una fortaleza y un valor sobrehumano.



Autor Fernando Maqueda Jimenez