jueves, 19 de enero de 2012

EL PUCHERAZO DEL 36

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·                     La legalidad republicana del frente popular
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Este articulo de Esparza, no hace sino corroborar lo que muchísimos, que nos gusta leer, ya sabíamos, pero como estamos en un “país” en el que, el que no sale en la tele no existe, pues viene bien colocarlo en el blog. Para acallar a los casposos de la legalidad republicana, que repiten la frasecita de forma sempiterna, a ver si cuela, me imagino que por aquello de que una mentira repetida mil veces se convierte en una gran verdad.

Manuel Maqueda
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La publicación de los diarios de Alcalá Zamora, presidente de la II República entre 1931 y 1936, viene a confirmar lo que siempre se había sospechado: la victoria electoral del Frente Popular en las elecciones de febrero del 36 fue, simplemente, un pucherazo.
¿Por qué es tan importante esto? Porque buena parte del relato oficial sobre la II República se basa en que el golpe de julio de 1936 fue un acto de traición contra “el legítimo gobierno de la República”. Ahora bien, de los diarios de Niceto Alcalá Zamora se deduce con toda claridad que aquel Gobierno de legítimo no tenía nada. La Esfera de los Libros acaba de publicar ahora el primer tomo, Asalto a la República. Se anuncian otros dos más.
La mecánica del “pucherazo” izquierdista fue tan burda que resulta casi inimaginable. En numerosísimos colegios electorales, los partidos y sindicatos del Frente Popular (PSOE, UGT, PCE, Izquierda Republicana, la CNT que apoyaba “desde fuera”) entraron a viva fuerza, se llevaron las urnas y contaron los votos a su manera. Después, ante la pasividad de un Gobierno dimisionario, y con la complicidad de otro Gobierno presidido por el propio Azaña antes de que se constituyeran Cortes, los mismos partidos y sindicatos del Frente Popular tradujeron esos votos en actas de diputado con total impunidad. El resultado fue unas cortes simplemente ficticias. Todo esto, hay que insistir, lo denuncia nada menos que el que era en esos momentos presidente de la II República, y lo escribe mucho antes de que hubiera nada parecido a un golpe militar.

Pero no se detienen ahí las ilegalidades. A partir de ese momento, y siempre según denuncia del propio presidente Alcalá Zamora, el Gobierno del Frente Popular toleró deliberadamente todo género de violencias callejeras. Violencias que venían siempre promovidas expresamente por el PSOE, el PCE y la CNT, con la clara expectativa de forzar la revolución en la calle sin necesidad de sentarse en el consejo de ministros. Los diarios de don Niceto resultan en este punto desoladores: la pasividad de Azaña con la violencia política sólo puede considerarse complicidad. El penúltimo eslabón de esa gigantesca cadena fue la maniobra de Prieto y Azaña para apear de la presidencia al propio Alcalá Zamora. Tras lo cual, la II República se convirtió simplemente en una estructura política violada.
Llevamos años oyendo la cantinela de que en 1936 una derecha fanática y antidemocrática se levantó a tiros contra el “pueblo”. La verdad es exactamente la contraria: desde las elecciones de febrero de 1936 (y sin contar el siniestro precedente de la revolución de 1934), una izquierda fanática y antidemocrática falseó unas elecciones, impuso a sus propios diputados contra la voluntad popular expresada en las urnas y después demolió a conciencia la propia legalidad republicana.
Se entiende que el Gobierno Zapatero haya tratado por todos los medios de impedir la publicación de estos diarios: son la demostración más elocuente de la falsedad de la “ley de memoria histórica” y de la culpabilidad directa del PSOE en el desencadenamiento de la guerra civil. ¿Se seguirá enseñando ahora lo mismo a los jóvenes en el bachillerato?

Jose Javier Esparza



Recibo con agrado el comentario de mi amigo Gustavo Morales, que por su interés lo reciclo como entrada en vez de comentario. Entre otras cosas por el aporte informativo que incorpora.
Dice así:



La edición de las verdaderas memorias de Niceto Alcalá Zamora, robadas en 1937 por el Gobierno del Frente Popular de la caja de seguridad de un banco en Madrid, en la que su dueño las había guardado, permiten reconstruir las elecciones de febrero de 1936. Entre los papeles y documentos robados había varios que mostraban la dudosa victoria de la izquierda en papeletas.

La Secretaría General de la Presidencia de la República elaboró para el presidente un promedio de los votos obtenidos por las candidaturas el día 16, que es una de las novedades de este libro:

Izquierda: 4.358.903

Centro y PNV: 556.010

Derecha: 4.155.126

Entre los dos bloques había una diferencia en sufragios de 203.000. A la vista de las violencias ejecutadas por las bandas de pistoleros de las izquierdas cabe preguntarse si el Frente Popular no habría quedado por debajo del Frente Nacional de haber sido completamente libres las elecciones. Por ejemplo, en la ciudad de Madrid, la izquierda obtenía 223.000 votos y la derecha 186.000.

Otra de las novedades son las previsiones del reparto de actas entregado a Alcalá-Zamora en las horas posteriores a las elecciones por el Gobierno de Portela y que muestran una mayoría para las derechas:

CEDA: 134, más incluso que los 115 obtenidos en 1933

Ministeriales (el centro montado por Alcalá-Zamora y Portela): 115

PSOE: 55, menos que los 59 de la legislatura anterior

Izquierda Republicana: 56

Renovación Española: 23, que aumentaba

Liga Regionalista: 20

Comunistas: 2

Falange: 1

PNV: 7

(El diputado de Falange era por Castellón.)

El 24 de febrero, Manuel Becerra, que fue ministro de Justicia en el último Gobierno de Portela, le dijo a Alcalá-Zamora que al menos 50 actas cambiaron de la derecha a la izquierda mediante el primer pucherazo.

Por muy desigual que era la ley electoral elaborada por las Cortes de Azaña y el PSOE, la diferencia de votos auténtica no habría dado una distancia tan grande en diputados entre ambos bloques como la que quedó tras la segunda vuelta, y sobre todo tras la vergüenza de la comisión de actas. En esa comisión, el Frente Popular, con el respaldo del PNV, robó un puñado más de escaños a la derecha: la CEDA pasó de 101 diputados a 88 y el PSOE subió de 88 a 99. Así cambiaron de siglas 32 actas, que fueron en su mayoría a la izquierda.

Además, la comisión anuló las elecciones en dos provincias donde la derecha había ganado, Cuenca y Granada, y ordenó repetirlas en mayo. Ante la violencia de las bandas socialistas y comunistas, las derechas renunciaron a presentarse en Granada, donde los milicianos detenían en las calles a sus adversarios, y el Frente Popular ganó en Cuenca.

El siguiente paso de las izquierdas, una vez que se habían fabricado una mayoría absoluta en las Cortes, fue destituir al hombre que había disuelto las Cortes con mayoría de centro-derecha dos años antes del final de la legislatura.