martes, 13 de diciembre de 2011

HISTORIAS NAVALES


HISTORIAS NAVALES

Todos estamos acostumbrados a ver en el cine, historias de barcos ingleses trabajando de corsarios ó embarcados en épicas travesías, sin embargo la mayoría de esas historias ó están inspiradas en acciones hispanas ó incluso son falsas. Veamos a continuación algunas historias verídicas protagonizadas por la armada española.
Comencemos por el San Francisco Xavier, apodado el espadarte y Capitaneado por el capitán don Lorenzo Oliveira, alias. Este era un barco de pequeño tonelaje, ahora eso si con atributos de gran tonelaje en lo que a valor de la tripulación se refiere, fue armado en las costas gallegas con el fin de actuar como corsario.
A primeros de junio iniciaron su singladura frente a la ciudad de Lisboa transcurriendo un mes sin resultado alguno, pero cuando a punto estaban de desistir por falta de provisiones descubrieron un convoy ingles en dirección norte, compuesto por cerca de 50 navíos, tres de ellos de guerra, la decisión era difícil se trataba de enfrentar el único cañón del espadarte a los mas de cien cañones que protegían el convoy ingles. Lejos de asustarse por ese detalle el capitán Oliveira, tramo rápidamente un sencillo plan para sacar tajada del convoy, era tan sencillo como incorporarse de rondon  al convoy y cuando fuera posible abordar un mercante como si de visita se tratase.
Dicho y hecho durante la noche el espadarte se arrimo tranquilamente a la borda del bergantín ingles Ceres, capitaneado por Jhon Mestreman,. Un bergantín de trescientas cincuenta toneladas y armado con cuatro cañones y doce tripulantes. Una vez abarloado no tubo Oliveira más que saltar la borda con cuatro marineros, reducir a la tripulación y abandonar el convoy con su presa. Todo ello sin disparar un tiro que hubiera alertado al resto del convoy y colocado al espadarte en una mas que difícil situación.
El riesgo mereció la pena el botín ascendió, además del bergantín a 185.000 libras de algodón, 100 quintales de  palo de brasil y varias pipas de vino.
Vamos con otra historia que parece sacada de una película, a lo largo del siglo XVIII una de las misiones de la flota española era el transporte de diversas mercancías y tropas entre América y España. Este era el cometido del navío de línea “EL GLORIOSO” buque de envergadura que portaba 70 cañones, realizaba este buque la ruta con destino a España, cargado con cuatro millones de pesos, capitaneado por don Pedro Mesia, cuando a la altura de las azores fue interceptado por un convoy ingles con un buque de línea (60 cañones) y una fragata. Viendo los ingleses que el rumbo del buque español  era hacia el este supusieron que marchaba cargado con preciosas mercancías por lo que decidieron abandonar su misión de escolta y atacar al buque español. Este, debido a lo preciado de la carga decidió no enfrentar combate.
Sin embargo de nada valió la prudencia, los buques ingleses se lanzaron en su persecución,  espoleados por la avaricia y al final se entablo el combate. Combate que dejo a los buques ingleses en calamitoso estado. Por lo que tuvieron que desistir de la persecución y acabaron teniendo que dar cuenta de sus acciones en un consejo de guerra en el almirantazgo ingles.
Por su parte, aunque con grandes averías el buque español, continúo con su singladura
Continuo sin novedad, aprovechando para reparar sus averías hasta finiste re, donde volvió a tener un mal tropiezo con la escuadra inglesa, esta vez se trataba de un navío de guerra (60 cañones) y dos fragatas, que inmediatamente se lanzaron en persecución del glorioso. Este los mantuvo a raya hasta poder atracar en el puerto gallego de corcubion donde pudo desocupar la preciada carga que portaba, cumpliendo felizmente su misión y de paso arreglar la enorme cantidad de desperfectos que los últimos combates le habían ocasionado.
Pero la cosa no acabó ahí. El Glorioso zarpó de nuevo y puso rumbo a su base de Cádiz. Pero a la altura del cabo de San Vicente, el 19 de octubre, se encontró con una flotilla de potentes fragatas corsarias inglesas, que pertenecían a una agrupación muy famosa en su país. Tras ellas se animaron a la caza otra escuadra de Byng, entre los que se encontraban el navío Russel de 80 cañones y el Darmouth de 60. Todos ellos se creían que el buque español llevaba todavía un tesoro. Pero a bordo no quedaba más que la calderilla que llevaban los marineros en los pantalones. Si lo hubieran sabido los británicos no habrían corrido tanto.

Para los del Glorioso no había otra: no se podía hacer otra cosa que salir de allí al ser perseguidos por tal cantidad de bajeles. Las fragatas corsarias, que eran de más andar, lo alcanzaron y se empezó un horroroso fuego cruzado que dejó a la King George y a la Prince Frederick desmanteladas e incapaces de seguirlo. El navío Darmouth, también de más andar que el Glorioso, lo terminó de alcanzar y comenzó el enésimo combate para los españoles. En un momento dado el navío británico acabó explotando de manera sobrecogedora y hundiéndose en las aguas atlánticas, mientras que el Glorioso continuaba su azaroso viaje. Del desgraciado navío enemigo sólo se lograron rescatar a 14 hombres.

Y por fin, después de tantas averías, el Russel le alcanzó sin problemas. Pero este combate duró poco porque el Glorioso literalmente había acabado con todas sus municiones, después de tantos combates sus cañones se vieron obligados a quedar en silencio para siempre. Así que su comandante, para evitar una masacre y sin posibilidad de escapar, rindió su buque con 33 muertos y 130 heridos en sus destrozadas cubiertas. Sus exhaustos hombres ya habían tenido suficiente como para exigirles más.

Los británicos se quedaron atónitos por lo que les había costado rendir un solo buque y todo para ver que no había ningún tesoro a bordo. Además vieron que el Glorioso estaba en tan malas condiciones que no merecía la pena el esfuerzo de ponerlo en servicio en su marina, así que lo entraron en Lisboa, donde tuvo que ser finalmente desguazado. En España fueron recompensados los tripulantes de tan heroico navío y su comandante ascendido. Se había perdido un navío, pero hay que tener en cuenta que con los 4 millones de pesos que se lograron desembarcar se podía pagar la construcción de una docena de ellos.

Como esta aventura, nuestra historia esta cuajada de ejemplos, en todos los mares. Si en el atlántico estaban los ingleses y sus corsarios en el mediterráneo los turcos también laceraban al imperio español.

Tal cantidad de enemigos hizo que se recurriera también en España al uso de los corsarios, aquí van unos ejemplos

Si eras un corsario no hacía falta tener un buque grande para hacer fortuna, aunque los hubo, sino simplemente tener arrojo y suerte.

En 1798 los comerciantes de Santander armaron en corso una lancha, con la justa intención de recuperar parte de las perdidas que les causaba la pérfida Albión.

Dada la escasa capacidad monetaria de la que disponían  tan solo consiguieron armar una lancha, con un cañón, 20 tripulantes y poco mas, de tal poder de combate le nació un nombre en consonancia “ El derrepentillo”. Pero no nos llamemos a engaño lo que en armas le faltaba en atributos le sobraba, al mando de don Pedro Juan de Oyarzabalete.

El 6 de diciembre de ese año de 1798 salió en su primera incursión y de noche, a 5 leguas al oeste de Villa Conde se metió, gracias a la oscuridad y a su reducida dimensión, entre cinco embarcaciones mercantes inglesas. Oyarzabalete no se lo pensó mucho acometiendo y apresando a dos de ellas. Puso a 8 marineros en cada buque y regresó a Vigo con los 4 que le quedaban, maldiciendo la poca gente que eran, puesto que podía haber apresado sin problemas a las otras embarcaciones que quedaban y que le fue materialmente imposible llevar a cabo. Las presas entraron en el mismo puerto el día 10 de diciembre. Una de ellas era el bergantín Venus, su capitán William Fuchon y la otra era el bergantín Mercurio, su capitán John Sinkins, que venían de Terranova para Oporto, la 1ª con 1.100 quintales de bacalao, y la 2ª con otros 3.386 de lo mismo.

Pero no se vayan a creer que el pequeño Derrepentillo acabó su gloria con esas presas. Con el mismo capitán, tripulación y armamento el 17 de enero del siguiente año ya había apresado también a otro bergantín inglés llamado Denton, su capitán Richard Champman, y que tenía 2 cañones de a 8 libras y 6 pedreros, con el que estuvo dos horas combatiendo. Para rematar la faena entró en Vigo el 4 de marzo con otra nueva presa, esta vez le tocó al bergantín inglés Price, su capitán William Sharp, y que era infinitamente más grande que la lancha española. El bergantín, de 180 toneladas tenía 4 cañones y 2 pedreros, y venía de Grinak en Inglaterra a Oporto, llevando 4.000 quintales de carbón y patatas. Después de 3 horas combatiendo contra el Derrepentillo, y como no podía ser de otra forma, fue tomado al abordaje.

Desde luego, tras capturar 5 buques en menos de 4 meses, el rendimiento que los comerciantes de Santander sacaron a la pequeña lancha fue apabullante.


Manuel Maqueda