viernes, 2 de marzo de 2012

LA FOSA DE CAMUÑAS

La fosa de Camuñas


La caradura de los memócratas histéricos y en especial la del exjuez estalinista Garzón, no tiene limites. Ahora pretenden convencernos de que los crímenes que cometieron sus correligionarios socialistas y comunistas ya están juzgados, reparados y que no son comparables a los; según ellos, crímenes franquistas.
Miren vds. Los crímenes rojos ni fueron casuales ni obedecieron a ninguna necesidad de guerra como defienden tan tétricos personajes. No estamos hablando de la inmediata represión que se produce después del combate, no. Estamos hablando de que las sacas y crímenes de los rojos se producen normalmente en zonas de retaguardia y sobre personas que en muchísimos casos se sabe que eran incapaces de tomar las armas ó cometer actos de terroristas para minar la moral de la republica. Lo que sabemos es que estos crímenes se cometieron, en muchísimas ocasiones sobre personas inofensivas, monjas, ancianos, intelectuales, mujeres y niños. También sabemos que estos crímenes se empiezan a producir durante la paz, es decir antes del 18 de julio de 1936.
Los llamados crímenes franquistas, son casi siempre, producto de juicios por delitos de sangre y muy a menudo sobre todo después de la guerra acababan  siendo sustituidas las penas de muerte por cárcel, cárcel que constantemente disminuía  a medida que el régimen de Franco se afianzaba y los presos dejaban de ser un peligro real.
Lo que también sabemos es de la existencia de juicios y fusilamientos de elementos militares del ejercito de Franco, cuando estos cometían delitos de violación, asesinato u otros similares, cosa que desconocemos que ocurriera en el campo rojo, donde dichos crímenes eran moneda corriente con el beneplácito de los mandos rojos, en otras ocasiones promovidos por ellos.
En este blog, debido a la pertinaz mentira del juez estalinista y sus socios, nos hemos visto obligados a mantener una sección sobre la memoria histórica, pero eso si, la memoria acorde a la historia, sin subvenciones ni servidumbres a nadie.
El caso que os traemos hoy es el de la fosa de Camuñas, fosa que se empezó a utilizar el mismo principio de la guerra y que continuo usándose durante toda la guerra para desaparecer los cuerpos de todos los asesinados por la republica, lo que desmiente tajantemente lo dicho por  Garzón y CIA con respecto a la puntualidad de los crímenes rojos.
Estrenan la fosa el 17 de septiembre con el asesinato masivo de 100 personas procedentes de Alcázar de San Juan cazadas en sus domicilios, “paseadas” por la carretera de Herencia y arrojadas a este pozo. A la fosa de Camuñas seguirán siendo arrojados durante varios meses los cadáveres de otras muchas víctimas.
Ahora, según informa J. Pflüger en gaceta.es, en los trabajos de extracción en curso en la Fosa están apareciendo varios esqueletos de mujeres. Todos los cadáveres reconstruidos presentan fracturas; algunas son resultado de torturas infligidas mucho antes de los asesinatos. También presentan disparos en distintas partes de la cabeza y en la mandíbula. Entre tanto cadáver, los técnicos se están haciendo con una cada vez mayor cantidad de objetos personales encontrados; lo que más destacan es la cantidad de zapatos que hay en el pozo. Entre los numerosos cadáveres que se han logrado reconstruir, unos 35, aparece totalmente definido el de una mujer de unos 45 años de edad.
¿Qué pasó en Camuñas? Según explica el historiador Martín Rubio, en el informe elaborado por la Alcaldía de Camuñas en 1940 ya se daba cuenta de la existencia de esta enorme fosa común: “En este término municipal existe una mina abandonada y a la misma han sido arrojados bastantes cadáveres no sólo de los pueblos colindantes sino -según rumor público- hasta de Madrid. Dicha mina está situada a un kilómetro de la margen derecha de la carretera de Madrid a Cádiz" [Archivo Histórico Nacional, Causa General, Leg.1048(1)].
El Alcalde de Herencia precisaba: "Al parecer, resulta de todo punto imposible hacer la exhumación de los cadáveres depositados en la citada `Mina de las Cabezuelas; desconociendo el número de arrojados a la misma, aunque se supone que el número de ellos, excede de los dos mil y como es consiguiente, de varios pueblos de España, especialmente de esta región"  [Archivo Histórico Nacional, Causa General, Leg.1029(1)].
La investigación que ahora se está realizando ayudará a fijar el número de víctimas que fueron arrojadas a la mina, pues los testimonios de que disponemos son bastante imprecisos. Se tiene constancia de que allí fueron a parar muchos de los asesinados en los pueblos del entorno tanto de Ciudad Real (Alcázar de San Juan, Herencia, Las Labores, Manzanares…) como de Toledo (Camuñas, Consuegra, Madridejos, Turleque, Villafranca de los Caballeros…) pero los testimonios recogidos coinciden en que también llegaron camiones con cadáveres procedentes de las checas de Madrid. Como dato puede servir el siguiente: de los sesenta y ocho asesinados vecinos de la localidad de Herencia se estima que unos cuarenta fueron arrojados a la Mina. Estamos hablando de decenas de casos identificados, hombres y mujeres con nombres y apellidos, entre ellos varios sacerdotes.
Algunos de los sucesos más dramáticos pudieron recogerse de boca de los familiares y supervivientes: "Aurelio Rodríguez, un carretero a quien fueron a buscar a su casa y tirotearon en la cama. Su mujer Úbeda Bolaños se agarró a él siendo también herida. A ambos les metieron en un camión y les llevaron a la mina, donde les arrojaron juntos, ella estaba todavía viva. Al cura Tapia le llevaron a la sima. Él bendijo a quienes habían de ser sus verdugos. Después le arrojaron vivo. A Ismael Moreno que no podía levantarse de la cama le cosieron a balazos. Su mujer tuvo que apagar las ropas del lecho que ardían de los tiros. A mi tío Vicente que se subió al tejado porque le acosaban, le acribillaron a tiros y luego le echaron a la mina […] A Jesús Rodríguez y otro grupo les cogieron en sus casas; luego les llevaron a una cueva que había en un monasterio y allí les torturaron hasta hartarse. Después les llevaron a la mina y allí les arrojaron, a unos muertos y a otros vivos. A Victoriano Rodríguez le emparedaron, a Emilio García le mataron en plena calle; a Moisés Beteta le asesinaron en el camino delante de unos niños".
A mediados de septiembre con el pretexto de que un bombardeo nacional había incendiado los depósitos de CAMPSA en Alcázar de San Juan se sacó de la cárcel y de sus domicilios a numerosas personas; entre ellos al sacerdote Luís Castellano, se le llevó hasta la mina donde se negó a blasfemar y fue asesinado. "Ese mismo día cayó en Alcázar un centenar de víctimas, fusiladas en su mayor parte en las tapias del cementerio y arrojadas otras al pozo de la mina de Camuñas" [Historia de la Cruzada, IV, p.546; en la Causa General son unos cincuenta los nombres de vecinos de Alcázar que aparecen como fusilados alrededor de esta fecha].
Desgraciadamente no son estos hechos los únicos a recordar, desde luego en este blog iremos recordando aquello que ya estaba perdonado. Pero que la rencorosa izquierda pretende olvidar para en su lugar inventar crímenes del bando nacional que nunca existieron y los que si que existieron, desde luego si fueron perseguidos por las autoridades nacionales y se pusieron los medios para que dejaran de producirse, cosa que en el campo rojo, no ocurrió.

Manuel Maqueda