martes, 28 de febrero de 2012

LOS LEONES CLAVADOS

LOS LEONES CLAVADOS



Entre canciones rubias de trigo en Primavera,
Quedaron clavados en la tierra y en el cielo;
Besaron recuerdos de España y de mujeres
e hicieron cruces de mártir en cristal de hielo.

“Retroceder no es posible –les dijo el General-;
Ahí tenéis que quedar como clavados”.
“General, tú lo mandas; los leones moriremos.
La muerte es un servicio de soldados”.

Y quedaron los cuerpos en la fría madrugada
Con la Orden grabada en los ojos abiertos;
Lo ordenó el General y lo han cumplido,
Ni un solo león faltó a la cita de los Héroes Muertos.

¡Wolchov!, Cementerio español hecho a la Hazaña,
Cuando vuelvas a llorar en Primavera
Dí al viejo Tolstoi y a Rusia entera,
Que aquí mismo lloró Muñoz el Grande, General de España.

¡Angel Azul!, besa los ojos de los Héroes Bellos;
Haz que la luz eterna de todos los luceros que encendió el Profeta,
brille eternamente sobre el río Wolchov y sobre Ellos.

                                                        Panta Bada




ESE DESPERTAR DE IMPERIO

(Romance de la Falange
sobre el hielo)

“No parar hasta el descanso”
A mi madre.

Soldado español, silueta
que se recorta en el hielo,
pedazo de carne viva
de un Despertar de Imperio…

En duras jornadas, tristes,
de nostálgicos recuerdos,
tienes apetencias vanas
que pueden calmar deseos.

No tienes cartas de casa,
de tu novia o de los viejos,
y sufres con amargura
tu sufrimiento y el de ellos.
Con la sonrisa en los labios
y, aún, esperanza en el pecho
porque sufres por la gloria
de ese Despertar de Imperio.

En caminata inhumana
de interminable ajetreo
un día tras otro día
vas camino recorriendo,
con el sudor en la frente,
con la fatiga en el cuerpo,
con los pies ensangrentados,
rotos, hinchados, desechos,
porque el estertor agónico
de tu pecho sin aliento
traza épicas de historia
para un Despertar de Imperio.

En largas horas de escucha,
recostándose en el suelo
formado de blancas nieves,
a cuarenta bajo cero,
con el fusil en las manos,
tu corazón en tu pecho
tiene latidos de gloria,
tiene Despertar de Imperio.

En las horas de combate
entre la nieve y el fuego,
tu rancia solera hispana
sabe luchar con denuedo,
y siempre vencedor sales
en desiguales encuentros,
y sabes morir cantando
porque te espera un Lucero,
porque sientes en tu alma
todo un Despertar de Imperio.
Todo lo dejaste, todo,
para venir a este infierno.

Todo el calor del hogar
para dormir sobre el hielo.
Dejaste a la blanca novia
de ojos de color de cielo.
A tus padres que, orgullosos,
te siguen en sus desvelos.

Trocaste tu vida cómoda
por la de servicio. Celo
que de incomprensiones burdas
de ambiciones y logreros
no sufre mella ninguna,
porque, contra lo rastrero,
estás tú, inasequible
para el menor desaliento,
porque este es tu sacrificio
por un Despertar de Imperio.

Soldado español, silueta
que se recorta en el hielo,
pedazo de carne viva
en un Despertar de Imperio.

En la hora de caer
malherido, o ya muerto,
en tu tumba siberiana
tienes tu meta de anhelos,
tienes el botín de guerra
para tu cadáver yerto.

Porque es así la Falange,
porque siempre así va siendo,
porque tu paga mejor
es sólo el descanso eterno.

Por volver a José Antonio,
por ir a Matías Montero.
por irte con Ruiz de Alda,
con Salazar, con Onésimo…
Eso buscaste y tan sólo
te conformas hoy con esto,
porque sientes que te mata
ese Despertar de Impero.

Agatangelo soler