domingo, 19 de febrero de 2012

LAS 33 MARGARITAS

Hace poco ha salido publicado en el ABC un articulo interesante, que denuncia en gran medida la "tuerta" mirada de la actual memoria historica. Creo que es de interes y por eso lo traigo al Blog.
 
Guerra Civil española. Hace más de 70 años. Carmen Tronchoni Soria organizó un viaje para ayudar a cambiar de bando a unas personas. Delatada por una amiga, que en realidad era espía, fue detenida, condenada a muerte y fusilada en marzo de 1938.
Rosa Ríos Gómez durante la guerra desarrolló una importante misión de telefonista. Hasta el último segundo se mantuvo en su puesto y cuando se dispuso a abandonarlo las tropas enemigas se habían adueñado del pueblo. El 2 de marzo de 1937 ingresó en la cárcel y a las 12 de la noche fue fusilada sin juicio alguno.
María Moreno Tena, Manolita Cortés y Pepita Losilla se dirigían el 16 de agosto de 1936 al frente cuando se vieron envueltas en una emboscada. Habían colocado el cadáver de un compañero en la carretera y al bajar a recogerlo fueron abatidas por francotiradores.
Al estallar el conflicto bélico Agustina Simón se lanzó a la calle acompañada de su hermana para repartir equipos y ayuda a los primeros voluntarios. Meses después, cuando el enemigo arrasó la ciudad en la que ella dirigía un hospital de campaña fue hecha prisionera junto a 15 soldados. Tras unas horas en prisión, al filo de la medianoche, los sacaron, los llevaron en una camioneta a cuatro kilómetros del pueblo y los asesinaron.
Experiencias duras
Seis historias -podrían ser 10,13, 20 ó 100- de mujeres valientes, anónimas, que lucharon y murieron por sus ideales. Fueron fusiladas por defender lo que creían. Por no delatar a sus amigos se sacrificaron hasta la muerte.
Francisca Magdalena de la Hoz al comienzo de la guerra fue interrogada para que denunciase a sus compañeros de partido. Se negó a hacerlo y la asesinaron en agosto de 1936.
Experiencias duras, hermosas en su tragedia, intensas en su dolor, que bien merecerían un libro, una película, un pequeño lugar en la Historia y que, sin embargo, han quedado en el olvido. Son las muertas del otro bando, de la otra Memoria Histórica. Fueron Margaritas de la Comunión Tradicionalista o militantes de la Sección Femenina. Por lo general, sus historias nunca han llegado a un libro o la gran pantalla.
No dispondrán, por tanto, de las subvenciones que recibieron, por ejemplo, los productores de «Las trece rosas», el film que narraba la historia de un grupo de jóvenes, casi todas militantes de las Juventudes Socialistas, fusiladas el 5 de agosto de 1939 en Madrid bajo la acusación de ayuda a la rebelión. La lucha de las margaritas y las falangistas fue tan sacrificada como las de las mujeres del otro bando. Alejadas del estereotipo transmitido desde la izquierda sobre la mujer conservadora de aquel tiempo, en casa bordando y cocinando, ellas también rompieron moldes. Crearon orfanatos, constituyeron sedes de Falange en lugares inhóspitos. Montaron hospitales. Presidieron sindicatos…
Como Florencia Caerols, que se encontraba al frente del Sindicato Católico Femenino de Alicante cuando el 23 de septiembre de 1936 los milicianos la detuvieron y la llevaron ante un comité. Fue encarcelada y la noche del 1 al 2 de octubre, asesinada en Rotglá, Valencia.
Sacrificios que los historiadores Laura Sánchez Blanco y José Luis Hernández Huerta han recopilado, estudiado y presentado en el Congreso Internacional sobre la II República y la Guerra Civil, organizado por el CEU. Los autores repescaron 30 historias de falangistas o margaritas asesinadas en la Guerra Civil y adjuntaron en su informe la relación de otras 33 «que no podían quedar en el olvido. Mujeres caídas en acto de servicio, en los frentes, en la retaguardia y en puestos de vanguardia».
Explican los investigadores que «cuando se habla de memoria histórica se está hablando en realidad de memoria partidista. Se exalta el número de víctimas de la represión franquista y se resta importancia al de víctimas de la República. Confundir víctimas y verdugos por profesar una ideología diferente es un error histórico».
 
 
 
Domingo Pérez


Manuel Maqueda