martes, 10 de enero de 2012

LA GESTA DEL ALCAZAR

No podia faltar en este blog , la que fue probablemente la mayor gesta del siglo XX. Admirada por el mundo entero esta gesta es hoy dia relegada a un interesado olvido. No sera con nuestra complicidad.
LA GESTA DEL ALCAZAR

Hostigando al Alcazar
Toledo ciudad agrícola, sin industria de importancia, permaneció al lado de los nacionales sin grandes contratiempos. El 18 de Julio apenas hay incidentes, sin embargo el Coronel Moscardó a cargo de la plaza. Es consciente de que se encuentra rodeado por fuerzas leales a la republica, excesivamente cercano a Madrid y sus milicias revolucionarias, decide entonces mantener  una postura defensiva y prepararse para un mas que posible asedio, por parte de los republicanos, recibe noticias del avance de franco por Extremadura, así como de la resistencia que se le plantea, consecuentemente toma las medidas necesarias para resistir, acopia víveres y munición en el Alcázar.

Desde Madrid le reclaman cartuchos de fusilaría, el coronel demora la entrega para ganar tiempo pero esa estrategia tan solo se puede mantener dos días por lo que finalmente el coronel  Moscardó declara el estado de guerra en el patio del Alcázar; en ese momento, una columna de milicianos avanzaba ya desde Madrid hasta Toledo.

Listos para evacuar heridos
Toledo cuenta con unas fuerzas entre militares, guardia civil, milicias de la ceda y un centenar de falangistas, cercanas a los 1.400 hombres, así mismo cuenta con cerca de un millón de cartuchos, algunos de ellos rescatados en las narices de las milicias rojas, simulando que el destino de dichos cartuchos era Madrid.
Ya en los primeros combates se manifiesta que es imposible defender el perímetro de la ciudad, debido a la enorme diferencia de fuerzas por lo que el coronel decide atrincherarse en el alcázar de sólidos muros y situación dominante en el terreno, esto plantea problemas de abastos que son resueltos en parte gracias a un civil que delata la ubicación de depósitos de trigo, que los bancos tienen depositados en la ciudad como garantía de prestamos. Adquiriendo así unos 30.000 kilos de trigo.

La alimentación era a base de raciones de una especie de potaje hecho con trigo molido por el motor de una moto Harley Davidson salpicado con carne de equino cuando alguno resultaba muerto

El armamento era suficiente en cuanto a armas ligeras, pero muy escaso en artillería: sólo 2 cañones de 70 mm y 3 morteros de 50 mm con poca munición, 200 granadas de mano y 13 ametralladoras Hotchkins.
Había cuatro médicos y un farmacéutico que atendieron a 600 heridos y dos partos (en uno de ellos nació un niño que se llamaba Restituto Valero, pero tras la liberación sus padres le cambiaron el apellido por el de Alcázar). Para mantener alta la moral, Moscardó ordenó la elaboración de un diario al que llamaban El Alcazareño, y que mantenía informados a todos, en lo interno, sobre la resistencia en la fortaleza y, en lo externo, sobre los acontecimientos de la guerra en el exterior


Luis Moscardo,el hijo del coronel
El 23 de julio, el jefe de las milicias de Toledo llama al coronel Moscardó y le informa que su hijo Luís ha sido capturado, exigiendo la rendición del Alcázar bajo amenaza de fusilarlo. Sostienen la conversación que sigue y que es copia del diario del general:
 Jefe de Milicias.-«Son ustedes responsables de los crímenes y de todo lo que está ocurriendo en Toledo, y le doy un plazo de diez minutos para que rinda el Alcázar, y, de no hacerlo, fusilaré a su hijo Luís, que lo tengo aquí a mi lado».
Yo.-«No creo».
Jefe de Milicias.-«Para que vea que es verdad, ahora se pone al aparato».
Hijo. -« ¡Papá…!»
Yo.-« ¿Qué hay, hijo mío?»
Hijo.-« Nada, que dicen que si no te rindes me van a fusilar»
Yo.-« Pues encomienda tu alma a Dios y muere como un patriota, dando un grito de ¡Viva Cristo Rey y Viva España!»
Hijo.-« ¡Un beso muy fuerte, papá!»
Yo al Jefe de Milicias.-«Puede ahorrarse el plazo que me ha dado y fusilar a mi hijo, pues el Alcázar no se rendirá jamás»

Luís Moscardó tenía 24 años y fue fusilado el 23 de agosto. Era el segundo hijo que Moscardó perdía en la guerra; el primero había sido fusilado un mes antes.
Fueron testigos presénciales de esta conferencia telefónica los Capitanes Carvajal (ayudante de Moscardó) y Moreno Garrido, Tenientes coroneles Valencia y Basart y los comandantes Pelayo y Díaz.

Calles de Toledo
Durante 68 días resistió el asedio por tierra y aire (se llegaron a emplear bombas de gas por parte de los republicanos) sin resultados positivos.
Por ello el gobierno decidió emplear artillería de 155mm para demoler el edificio sin embargo la estructura del edificio, en algunos sitios de 5mts de espesor hizo esta tarea inútil ya que el ejercito de franco avanzaba con rapidez.

El primer signo del avance de los nacionales del general Varela se conoció el 22 de Agosto cuando un avión lanzó comida al Alcázar y dos cartas firmadas por Franco que anunciaban que el Ejército de África iba en su ayuda. Ese día la comida fue extraordinaria, ya que además del plato diario, se añadió al menú lo que el avión había arrojado: sardinas, mortadela y fruta en almíbar.
Voladura de una mina
El gobierno se pone nervioso y decide volar el alcázar con minas, los preparativos son detectados por los niños del alcázar que al jugar por las galerías subterráneas del alcázar escuchan las taladradoras, alertando inmediatamente a la guarnición. El coronel Moscardo sin medios para contrarrestar la amenaza decide trasladar a los habitantes del alcázar situándoles lo más lejos posible del ruido y preparando con sacos terreros la zona habitada.
Mientras tanto, el bombardeo de artillería se intensifica. El 4 de septiembre se hunde el torreón nordeste tras recibir más de 100 impactos de 155 mm. El 5 se hunde la fachada sur del patio y el día 8 cae el torreón noroeste tras encajar casi 300 del mismo calibre.
Barricadas en torno al Alcazar
Pero la peor amenaza es la mina. Dos salidas de los sitiados las noches del 5 y 6 de septiembre comprueba la actividad de los equipos de perforación sin poder hacer nada.


El 14 de Septiembre estalla la mina, pero apenas repercutió en el sólido edificio, siendo más el susto que la efectividad.

Fue entonces cuando se decidió un segundo intento. Lo llevarían a cabo dinamiteros con experiencia en las minas de carbón asturianas, que fueron reclamados expresamente para acometer dicha labor. Estos decidieron colocar dos cargas explosivas en vez de una, y situarlas en diferentes lugares buscando más efectividad. Las tropas de Franco estaban aun lejos, por lo que el ambiente era bastante relajado entre los milicianos en contraste con el de los sitiados que escuchaban como las taladradoras cavaban los túneles justo debajo de ellos.

Defensa de un hueco (reconstruccion)
El 18 de septiembre, a las 7:15 de la mañana del explota la doble mina. La nube de polvo dura veinte minutos. El asalto a la fortaleza empieza una hora más tarde, los milicianos intentarán encontrar un boquete para entrar en el Alcázar. Está formado por dos columnas de asalto, fraccionadas cada una en otras dos. La del Suroeste es frenada por las ametralladoras colocadas en las galerías, la que avanzan por el sur tampoco pueden progresar por el nutrido fuego de fusilería de los sitiados. Sólo sucumbe el noroeste donde 600 hombres logran colocar su bandera roja; pero los defensores reaccionan, suben rápidamente, arrancan la bandera y la arrojan al patio, y se entabla una lucha a muerte con granadas y fusiles. Abajo, los defensores cortan el paso a los refuerzos del enemigo, y minutos más tarde logran dominar a los sitiadores. En ese asalto los defensores perdieron 72 hombres contra unos 200 de los atacantes.

Ese día, además de la doble mina, el Alcázar recibe 272 cañonazos de 155 mm, 400 andanadas el día 19 y 472 el 20. El 21 la artillería enemiga derriba el último torreón del Alcázar, ubicado en el sureste. Del 18 al 21 las bajas se producen a un ritmo insufrible: 204 en total. Quedan alimentos para apenas 10 días, pero el Ejército de África ha llegado ya a Maqueda, cerca de Toledo.

Los del bando republicano veían como los nacionales del general Varela se les echaban encima y habían recibido órdenes de tomar el Alcázar como fuera. El 26 de Septiembre realizaron su asalto más feroz, llegando a arrancar la bandera nacional de la torre aunque fuera durante sólo unos minutos, pues esta fue reconquistada en una acción heroica llevada a cabo, entre otros, por el general Milans del Boch (entonces cadete)

Asalto de milicias (reconstruccion)
Cunde la euforia dentro del Alcázar pues hay señales inequívocas del avance del Ejército de África. El día 27, en un esfuerzo desesperado, los republicanos intentan quemar vivos a los defensores rociando el sector de la puerta principal con 6.000 litros de gasolina. Pero los defensores, dándose cuenta de la maniobra, lanzan una bomba de mano e incendian el combustible antes de que llegue a la zona. El fuego corre hacia el depósito y amenaza con extenderse a toda la ciudad, lo cual obliga a los sitiadores a cortar la manguera. Este asalto había sido montado por el enviado de Stalin en España, Mikhail Koltsov.

Tras esta última acción ofensiva el nerviosismo cunde en Toledo. La artillería republicana cesa el fuego y comienza a cambiar los emplazamientos, perdiendo la línea de fuego sobre el alcázar. Los observadores del alcázar detectan un movimiento anómalo en la zona roja, en algunos puntos se puede calificar como desbandada.

En la madrugada del 27 de septiembre estalla el jubilo en el alcázar una pequeña vanguardia legionaria consigue traspasar el cerco llevando así la certeza de la liberación inmediata, en ese momento apenas quedan víveres para seis días, la mayoría de armas automáticas están inutilizadas y la munición escasea peligrosamente.

Ese día a las 7:00 de la tarde de ese 27 de septiembre de 1936 entran en el Alcázar las tropas del general Varela. Es entonces cuando Moscardó, cuadrado ante el general, pronuncia la famosa frase: "Mi general, sin novedad en el Alcázar".

El asedio del Alcázar había terminado tras 68 días de dura lucha, con un saldo para los sitiados de 102 muertos y 573 heridos, además de 33 desertores que no lograron empañar la gesta de aquellos hombres.

Manuel Maqueda