lunes, 2 de enero de 2012

BATALLA DE CASTELNUOVO

CASTELNUOVO


Sin duda, Castelnuovo es una de las historias de espatarios, de nuestros soldados españoles, de nuestros tercios, más impresionante. Vamos hoy a recordar a nuestros caídos en aquel hecho de armas.
Primera mitad del siglo XVI. Había que frenar al Imperio Otomano. En la Batalla de Previsa soldados en su mayoría españoles y barcos papales, venecianos y españoles toman una cabeza de puente en los Balcanes, en pleno corazón del Imperio turco: CASTELNUOVO. Para la defensa de aquella plaza se forma con viejos soldados españoles de las guerras de Italia el TERCIO DE CASTELNUOVO al mando de Francisco de Sarmiento: 4.000 hombres.
El 12 de Julio de 1.539 desembarcan en Castelnuovo unos 1.000 soldados otomanos con el objeto de capturar algún soldado español y obtener información. El Capitán vizcaíno Machín de Monguía es el encargado de devolverles al mar. Y así lo hace. Los otomanos lo intentan otra vez esa misma tarde y esta vez, a las órdenes de Sarmiento, los turcos son otra vez rechazados, recibiendo 300 bajas y dejando 30 prisioneros.
Pero el día 18 de Julio Barbarroja llega con toda la flota turca. Los españoles están en desventaja de 10 a 1 cuando empieza el desembarco. Se retiran al interior de la población. Ha empezado el asedio de Castelnuovo.
La tropa de élite turca, los jenízaros, llevan a cabo una incursión por su cuenta. Se encuentran con 800 españoles que les derrotan, les causan cientos de bajas y los devuelven a las playas. Desde ese momento Barbarroja prohibirá a sus tropas cualquier escaramuza de este tipo.
El día 23 de Julio Barbarroja entiende terminadas todas las obras necesarias previas al ataque contra los sitiados. Antes de ordenar el ataque ofrece la rendición a los españoles prometiendo el paso del Tercio a Italia con sus armas a banderas desplegadas y 20 ducados a cada soldado. Sólo debían abandonar artillería y pólvora. Sarmiento se reúne con sus oficiales. Están sitiados y aislados sin posibilidad de recibir ayuda. Son 4.000 hombres. Frente a ellos hay 50.000 con una fuerte artillería. Los españoles contestan a los turcos: “podéis venir cuando queráis”.
24 de Julio. Infantería y artillería turca inician el ataque. Los españoles se defienden bien. Tras dos días de combate 6.000 son los muertos turcos.
Oficiales españoles instan a Sarmiento para llevar a cabo un ataque contra el Campamento turco. 600 hombres lo ejecutarán. El pánico se desata entre los turcos y la guardia de Barbarroja carga con éste en volandas para llevarlo a los barcos. El campamento turco es destrozado.
Durante los siguientes días los soldados turcos ya no atacan. Sólo disparan su artillería que se concentra sobre un castillejo situado en lo alto. El 4 de agosto los turcos atacan el Castillo. Monguía vuelve a destacarse en su defensa. El Castillo solo se abandonará cuando en ruinas ya no sirva para la defensa. Monguía con sus hombres regresarán entonces a las murallas.
El día 5 de Agosto Barbarroja ordena un ataque general contra las murallas de Castelnuovo. Los jenízaros se lanzan en masa. Sólo una torre de la muralla cae en manos turcas. Intentando recuperarla caerá el minador zaragozano Miguel Formín y los soldados que lo acompañaban.
El 6 de agosto llueve fuerte. Eso significa que las mechas de arcabuces y cañones no sirven. Se lucha cuerpo a cuerpo, a espada, pica y cuchillo. En la enfermería solo quedan los soldados moribundos. Todos los demás españoles, heridos o no, combaten. El día 6 se resiste.
El día 7 ya no queda muralla que defender. Está en ruinas. Sarmiento decide la retirada ordenada a un Castillo situado en la parte baja de la ciudad. Los españoles lo hacen escuadrón por escuadrón. Cuando llegan al castillo la puerta de éste está tapiada por la población que se refugia dentro y no puede abrirse. Ofrecen a Sarmiento izarle con una cuerda. Sarmiento dirá que no se salvará sin sus hombres.
La lucha siguió. “Y Francisco Sarmiento andaba a caballo y bien herido. Dio espuelas a su caballo y metiose peleando en la mayor furia de los jenízaros.” De esta forma lo relataron dos supervivientes de Castelnuovo.
Así cayó Castelnuovo. 16.000 muertos turcos, miles de ellos jenízaros. De los 4000 defensores españoles sólo unos 200 heridos sobrevivieron. Entre ellos Machín de Monguía, el vizcaíno, al que Barbarroja le ofrece pasar a ser uno de sus oficiales. La respuesta del soldado español le supuso ser degollado. Todos los religiosos cristianos fueron pasados a cuchillo como la mitad de la tropa española superviviente.
Pasaron los años. El 22 de Junio de 1.545 llegó al Puerto de Mesina una galera con cautivos escapados de las prisiones de Constantinopla. Había 25 españoles. Eran los últimos hombres vivos del Tercio de Castelnuovo. Estos son, como nos han llegado, sus nombres:
Luis de Godoy; Juanes de Joya, capitán; Juan Milló, alférez; el sargento Salazar; Diego de Quiñones; Martín de Alarcón; Diego de Alarcón; Antonio de Quesada; Andronico de Espinosa; Domingo de Cádiz; Juan de Andujar; Francisco de Baeza; Juan de Illanes; Juan de Madrid; Juan Catalán; Jaime Mallorquín, Pedro de Tarragona y Hernán Carrillo; Feliche; Hurtado; Montilla; Cabrera; Villagómez; Mendoza y Andrés
La defensa de Castelnuovo fue cantada por poetas y alabada por toda Europa.
Así termina el Soneto 217 de Gutierre de Cetina (1520-57) titulado : “A los huesos de los españoles muertos en Castelnuovo”
“De la dichosa muerte que alcanzasteis,
Se debe envidiar más que la victoria.”
Estos son los nombres de los Capitanes de las 12 compañías del Tercio de Castelnuovo. Nos gustaría recordar nominalmente uno a uno a nuestros 3.997 combatientes, ni hablamos de los tres únicos desertores cuyos nombres son conocidos, pero no nos resulta posible aunque todos ellos, hoy, están presentes en el corazón de los patriotas de España.
1. MdC Francisco Sarmiento de Mendoza y Manuel.
2. Machín de Munguía
3. Luis de Haro
4. Juan Vizcaíno y Mendoza
5. Pedro Silva
6. Sancho de Frías
7. Juan Pérez de Zambrana
8. Luis Zimbrón
9. Domingo de Arriarán
10. Pedro Ruiz Gallego
11. Juan Pérez de Bocanegra
12. Jaime de Marquesa o Marquina



 Autor Eduardo Arias Hijas