lunes, 19 de diciembre de 2011

LA HISPANIDAD 2ª PARTE


LA HISPANIDAD  2ª PARTE


Para agrandar mis males y los de cualquier buen español , no a parado ahí la cosa, no, la antiespaña no conforme con esto también ataca de forma rabiosa la integridad del territorio y la cultura española, para ello hace publica mofa de todo aquello que suene a España, empezando por el propio termino “español” vemos con estupor que desde la teórica intelectualidad española el termino España es sustituido casi con saña por el de país, estado autonómico y un largo etc… que eso, si ,no incluya bajo ningún concepto el termino España. Esta antiespaña que hoy glorifica las autonomías no parara con la destrucción de España como nación, cuando consiga esto seguirá su labor con la destrucción de Cataluña, Galicia y vasconia. Porque claro en ese momento recordaran que fueron estas regiones de marcadísimo carácter español las que contribuyeron a la creación de España y no vaya a ser la cosa que si mantienen ese carácter español les de por reconstruir España.
Tal como lo veo yo , la solución no puede pasar por medias tintas, no es suficiente reclamar como desde algunos sectores intelectuales se empieza a pedir ya, la regeneración española, a estas alturas se hace necesario una medida de mas calado que acabe con la antiespaña , es necesario hoy mas que nunca, aunque sea por mero espíritu de supervivencia, la revolución nacional y el estirpamiento de todo aquello que sea liberal que a la postre ha sido mas dañino para España que incluso el intento comunista del 36 , es mas, para que esa revolución nacional alcance todo su sentido debe exportarla al continente americano y a la hermana Portugal , Este y no otro camino es el que debe de seguir España si quiere como dice el lema de la armada “vuelve por donde solías” volver a ser la luz de occidente y de la cristiandad. Ó simplemente algo más sencillo SOBREVIVIR.
Veamos lo que nos cuenta el cardenal Goma al respecto de este tema.
Decia  el cardenal góma de este asunto:
Yo no sé lo que ha puesto Dios en el fondo del organismo humano y del alma humana y en el fondo, tal vez más misterioso, en que cuerpo y alma se unen en unión sustancial para formar el ser humano, que el hombre, nacido de un tronco, se diversifica socialmente; en el cuerpo, por determinados caracteres anatómicos; en el alma, por distintas tendencias espirituales, y en la historia, por corrientes de civilizaciones inconfundibles. Religión, lengua, literatura, arte, instintos, hasta el mismo concepto de la vida, es decir, cuanto puede llamarse proyección social del humano espíritu, todo imprime y recibe a su vez el sello de la raza. Dejemos a filósofos y antropólogos que definan y expliquen el misterio. Nosotros no podemos hacer más que definir el concepto de raza tal como lo entendemos al adoptarlo para esta fiesta, o tal como se requiere para expresar el concepto de hispanidad.

La raza, dice Maeztu, no se define ni por el color de la piel ni por la estatura ni por los caracteres anatómicos del cuerpo. Ni se contiene en unos límites geográficos ni en un nivel determinado sobre el mar. La raza no es la nación, que expresa una comunidad regida por una forma de gobierno y por unas leyes; ni es la patria, que dice una especie de paternidad, de sangre, de lugar, de instituciones, de historia. La raza, decimos apuntando al ídolo del racismo moderno, no es un tipo biológico definido por la soberbia propia y por el desdén a las otras razas, depurado por la selección y la higiene, con destinos trascendentales sobre todas las demás razas.


La raza, la hispanidad, es algo espiritual que transciende sobre las diferencias biológicas y psicológicas y los conceptos de nación y patria. Si la noción de catolicidad pudiese reducirse en su ámbito y aplicarse sin peligro a una institución histórica que no fuera el catolicismo, diríamos que la hispanidad importa cierta catolicidad dentro de los grandes límites de una agrupación de naciones y de razas. Es algo espiritual, de orden divino y humano a la vez, porque comprende el factor religioso, el catolicismo en nuestro caso, por el que entroncamos en el catolicismo católico, si así puede decirse, y los otros factores meramente humanos, la tradición, la cultura, el temperamento colectivo, la historia, calificados y matizados por el elemento religioso como factor principal; de donde resulta una civilización específica, con un origen, una forma histórica y unas tendencias que la clasifican dentro de la historia universal.


Entendida así la hispanidad, diríamos que es la proyección de la fisonomía de España fuera de sí y sobre los pueblos que integran la hispanidad. Es el temperamento español, no el temperamento fisiológico, sino el moral e histórico, que se ha transfundido a otras razas y a otras naciones y a otras tierras y las ha marcado con el sello del alma española, de la vida y la acción española. Es el genio de España que ha incubado el genio de otras tierras y razas, y, sin desnaturalizarlo, lo ha elevado y depurado y lo ha hecho semejante a sí. Así entendemos la raza y la hispanidad.

En el cielo, dice el Apocalipsis, gentes de toda nación y toda raza bendicen a Dios con este himno: "Nos redimiste, Señor, con tu sangre, de toda nación, y has hecho de todos un solo reino." Alejando toda profanidad en la aplicación, ¿por qué todas las gentes de Hispanoamérica no podrían bendecir a la madre España y decirla: "Señora, nos sacaste un día de la idolatría y la barbarie y nos imprimiste una semejanza tuya, que aún perdura después de más de cuatro siglos? Somos la hispanidad, Señora, porque si no formamos un reino único de orden político, pero tenemos idéntico espíritu, y ese espíritu es el que nos une y nos señala una ruta a seguir en la historia."

Así queda definido el problema de la hispanidad en su fórmula espiritual, y queda al mismo tiempo resuelta la dificultad que podría ofrecerse por la enorme diferencia de tipos biológicos, de cultura, de lengua, que nos ofrecen estas Américas, hasta reduciéndolas al tipo latino o hispano.

Y así definida la hispanidad, yo digo que es una tentación y un deber, para los españoles y americanos, acometer la hispanización de la América latina. Tentación, en el buen sentido, porque todo ser apetece su engrandecimiento, y América y España se brindan mutuamente, más que otros países del mundo, muchos horizontes hacia donde expansionarse. Deber, porque lo hemos contraído ante nuestra propia historia, que nos impone la obligación moral de la continuidad, so pena de errar la ruta de nuestros destinos. Hemos hecho lo más; nos queda por hacer lo menos. Hemos conquistado y colonizado y convivido en español; hemos de reconquistar nuestro propio espíritu, que va desvaneciéndose en América.

Bryce, que habla de España peor que un mal español, nos señala así nuestra posición ante América: "El primer movimiento -dice- de quien esté preocupado, como lo está hoy todo el mundo, por el desenvolvimiento de los recursos naturales, es un sentimiento de contrariedad al ver que ninguna de las razas continentales de Europa, poderosas por su número y su habilidad, ha puesto las manos en la masa de América; pero tal vez sea bueno esperar y ver las nuevas condiciones del siglo que viene. Los pueblos latinoamericanos pueden ser algo diferente de lo que en la actualidad aparecen a los ojos de Europa y de Norteamérica. ¿Se dará tiempo a las sociedades iberoamericanas para que hagan esta experiencia, antes de que alguna de las razas occidentales, poderosas por su número o habilidad, les imponga la ley?" ¿Dictó estas palabras, decimos nosotros, el miedo a Monroe, o son un estímulo para que las razas poderosas y fuertes se resuelvan a anular nuestra influencia en América? He aquí expuesto, en toda su crudeza, los términos del problema: o trabajamos por la hispanidad o somos suplantados por otros pueblos, otras razas, más fuertes y menos perezosas.

Sin embargo sobre la Patria, mejor dicho sobre el recurrente llamado al patriotismo de algunos políticos ya nos advertía un líder nacional hace muchos años.
Las masas están cansadas de que se les hable de patriotismo, porque han sido hasta aquí a menudo tan livianas y sospechosas las apelaciones a la Patria, que ha enraizado en ellas la duda, y yo mismo os confieso que cuando hace ya años ligué mi destino a la idea nacional de España, no podía evadirme de esa misma sospecha, que consiste en pensar si la Patria no sería utilizada con demasiada frecuencia por ciertos poderes contra la justicia y los intereses mismos de los españoles.
Por eso, camaradas, nuestro patriotismo es un patriotismo revolucionario, social y combativo. Es decir, no nos guarecemos en la Patria para apaciguar ni para detener los ímpetus de nadie, sino para la acción, la batalla y el logro de lo que nos falta.(Ramiro Ledesma en Valladolid 1935)Así, pues, no veamos en la patria el arroyo y el césped, la canción y la gaita; veamos un destino, una empresa. La patria es aquello que, en el mundo, configuró una empresa colectiva. Sin empresa no hay patria; sin la presencia de la fe en un destino común, todo se disuelve en comarcas nativas, en sabores y colores locales. Calla la lira y suena la gaita. Ya no hay razón –si no es, por ejemplo, de subalterna condición económica para que cada valle siga unido al vecino. Enmudecen los números de los imperios –geometría y arquitectura para que silben su llamada los genios de la disgregación, que se esconden bajo los hongos de cada aldea.(José Antonio 1934 la lira y la gaita)
Por todo lo anteriormente expuesto es por lo que me he decidido a recopilar textos a través de esa maravillosa herramienta que es Internet y también por que no decirlo sacar a la luz algún texto de mi propia cosecha, textos cargados de gloria, de sacrificio y de sangre española. Sangre que no se vertió gratuitamente, ni siquiera en la misma dirección, aquí no se trata de defender una posición política si no un canto al honor, el valor, el sacrificio y en definitiva a la patria y a la hispanidad.
Manuel Maqueda Lorenzo