domingo, 11 de marzo de 2012

LOS DRAGONES DE CUERA

Poco sabemos de la colonización de la actual Norteamérica por parte de los españoles, hoy de manos de Amenofis, del prestigioso foro memoria blau, nos acercaremos a una de las unidades españolas mas desconocidas y sin embargo con un alto grado de heroicidad y merito.





Quiénes eran los Dragones de Cuera

Para empezar, digamos que estamos hablando de las unidades de la Caballería española más desconocidas en la actualidad, pero enormemente eficaces.

Se constituyeron como tales a finales del siglo XVI, y desde entonces se les encomendó la custodia de la frontera norte de los territorios de la Nueva España (que entonces incluían Texas, Arizona, Nuevo Méjico y gran parte de California, además de porciones pequeñas de Colorado, Utah y Nevada). Su misión era doble, como soldados y como policía, y residían en fortalezas (o presidios), al estilo de las que levantó España en el Norte de África, en la costa atlántica de Marruecos, y en territorios de la Borgoña y el Franco Condado (en Europa).

Eran, por tanto, pequeñas guarniciones, muy esforzadas y móviles (recorrían varios cientos de kilómetros al mes, en continua cabalgada). Su número alcanzó los 1.500 soldados al final del s.xVIII (exactamente, en 1780 eran 1.495 dragones de cuera), pero durante más de un siglo desde su creación, fue inferior a 600 (exactamente, 592 en 1705)... ¡para vigilar 3.000 km de frontera!.

Al Norte de estos 3.000 km vivían naciones indias nómadas, como los mescaleros, chiricauas, navajos, comanches y, sobre todo, los más belicosos: los apaches. Estos pueblos eran muy bravos. Tenían guerreros excelentes, despiadados, y sus costumbres guerreras eran la de matar o esclavizar (según sus conveniencias) a todos sus enemigos, sin distinguir sexo ni edad: daban el mismo trato a los recién nacidos y a los viejos que a los que estaban en edad de trabajar (1).

Junto a ellos, vivían otras naciones indias sedentarias y más pacíficas (aunque no del todo, ni permanentemente), como los "etos" (u "otos") y los "pueblos", que se repartían entre territorios españoles y territorios externos a nuestras fronteras.

 




Su equipo y dotación, y el origen de su nombre

Se les llama Dragones por su condición de Caballería con armas de fuego.

El calificativo "de Cuera" se les dio porque iban protegidos por una especie de coraza, llamada "cuera", formada por varias capas de cuero de piel de ante o gamuza (hasta 7), a veces rellenas también de algodón. Esta especie, sin mangas, precursora de los actuales chalecos antibalas, les hacía inmunes a las flechas y lanzas de los indios.

A pesar de su excesivo peso, que reducía la movilidad en el combate, suponía una mejora sobre las corazas metálicas que habían empleado durante el s.XVI, y que, además de pesadas, eran poco prácticas para aquél clima.

Por la misma razón, se sustituyó el morrión o casco de acero por un sombrero muy duro de cuero. Protegía casi tanto como el casco de las flechas indias, y era más eficaz en el calor y en el frío intenso. El uniforme se completaba con unos pantalones también de cuero, para protegerse las piernas.

Como arma defensiva, utilizaban adargas o rodelas de cuero con la insignia real.

Su armamento ofensivo estaba formada por armas de fuego (pistolas y escopetas) y por armas blancas, como lanzas y espadas. Pero también, en muchas ocasiones, prefirieron utilizar los arcos capturados al enemigo, en lugar de las armas de fuego y las lanzas. La razón estaba en su eficacia: el arco era más ligero y rápido que las armas de fuego, y también más silencioso.

Según el Reglamento de 1772, y conforme ya hemos dicho, cada soldado de cuera debía disponer, además, de seis caballos, un potro y una mula.

En ciertas zonas, dada la naturaleza del terreno, poblado de matas ásperas y espinosas que producían heridas a los caballos y a las piernas de los dragones (por ejemplo, en el monte californiano), los soldados complementaban su indumentaria con unos faldones de cuero que les protegían las piernas y la delantera de los caballos, al estilo de los faldones que aparecen en los torneos medievales.

Así, por ejemplo, se cuenta de la guarnición del presidio de Loreto Conchó (California) que:

“…los soldados loretanos usaban unas tiras de cuero que las cruzaban sobre el caballo para protegerse las piernas y proteger también al mismo caballo. A esas tiras les llamaban ‘armas’ o defensas…”

Aún hoy día se llama "armas" a uno de los elementos principales de la silla vaquera californiana.

Naturalmente, tanto la Monarquía Hispánica como estos indios sedentarios tenían los mismos enemigos:

 los indios nómadas que asolaban sus campos y sus pueblos. Las tácticas de combate de estos últimos se basaban en razzias, apoyadas en su gran movilidad, en golpes de mano y emboscadas, y una gran habilidad para espiar y obtener información del enemigo, mediante sus exploradores.

El Virreinato de la Nueva España vio pronto la necesidad de crear una organización militar específica para hacer frente a estas incursiones. Para ello, creó una red de presidios, estratégicamente emplazados, y un Cuerpo militar específico para este tipo de combate: los Dragones de Cuera, que será la tropa presidial.

Conviene resaltar que estos presidios vigilaban un terreno baldío, con frecuencia, desierto, y en unas condiciones climatológicas extremas. Y a ellos iban destinados los dragones, mal dotados, escasos de personal, acompañados de sus familias; también hubo colonos.

Los Dragones estaban organizados en compañías, mandadas por un capitán, con patente concedida por el Rey (o por el Virrey, en tiempos posteriores). La dotación de cada compañía varió desde los 14 dragones, que era el número medio de una compañía a finales del s.XVI (no olvidemos que eran de Caballería), hasta unos 50, a finales del siglo XVII. Normalmente, cada compañía completa residía en un mismo presidio, pero hubo excepciones en que las compañías se desdoblaron -temporal o permanentemente- para guarnecer más de un presidio.

En 1771 se creó un Reglamento específico para ellos. En él se fijaba la composición de cada compañía presidial, en un capitán, un teniente, un alférez, un capellán, un sargento, dos cabos, 40 soldados y 10 indios exploradores. Pero ya hemos dicho que, en esta época (a partir de 1778), se complementaban las compañías presidiales con otro tipo de soldados, que no eran dragones. Esta nueva tropa, llamada ligera, tendría un porcentaje variable -y cada vez mayor- en las compañías presidiales. Como armamento, esta nueva tropa usaba sable, pistola y carabina; y no llevaba cuera. 




En cuanto al reclutamiento, existen versiones aparentemente contradictorias. Unas fuentes dicen que se hacía entre la población local, que compartían clima y terreno con los indios, y estaban acostumbrados a realizar largas cabalgadas de cientos de leguas, soportando tanto un sol de justicia, como bajísimas temperaturas. Por el contrario, otras fuentes dicen que estas plazas estaban reservadas a "españoles", diferenciándolos de los criollos (nativos descendientes de españoles). Mi opinión, tratando de conciliar ambas posturas, es considerar "españoles" tanto a los españoles, como a sus descendientes, aunque hubieran nacido allí. De otra forma, no se podrían entender cómo iban a combatir a los indios quienes no estaban acostumbrados a las mismas condiciones extremas.

Ya hemos visto cómo eran las características de aquellas luchas por parte de los indios nómadas. Pero los dragones de cuera no se quedaban atrás, y era normal no conceder cuartel a los indios mayores de siete años. Otra costumbre de los dragones era cortar la cabeza o las orejas a los indios muertos en combate, para contabilizar las bajas causadas al enemigo (2).

En cuanto a sus campañas victoriosas, citaremos que en 1775, una unidad formada por unos quinientos soldados (dragones y tropas auxiliares) persiguió durante más de 1.000 km a 243 apaches, hasta alcanzarlos y darlos muerte. El historiador Albi de Cuesta cuenta cómo, a mediados del s.XVIII, los comanches se retiraron abandonando una manada de caballos que habían robado, tras perder 40 hombres en un largo y duro combate cuerpo a cuerpo con una compañía de menos de 50 dragones. O cómo, el 26 de abril de 1776, un alférez con sus 42 dragones puso en fuga a 300 apaches después de cinco largas horas de combate.

Era habitual en los dragones buscar la lucha cuerpo a cuerpo con los indios, aprovechando su superioridad en armamento. Y esta lucha se producía tanto a caballo como a pie.

NOTA:

(1) Así lo recogen Julio Albi y Leopoldo Stampa en su"Campañas de la Caballería española en el siglo XIX"

(2) Ver op.cit.

Amenofis