lunes, 5 de marzo de 2012

COCTELES MOLOTOV EN LA ARMADA



(Fuente: Gaceta de Madrid)
Los frascos de fuego eran unas terribles armas utilizadas muy a menudo por la Real Armada, y sobre todo por nuestros corsarios. Estos frascos eran simples recipientes de cristal con una mecha y rellenos de productos incendiarios que se utilizaban al uso de los contemporáneos “cócteles molotov”, produciendo a bordo de los buques enemigos espantosos estragos. Nuestros amigos los ingleses lo probaron más de una vez. Sirva como ejemplo este caso:

El 28 de agosto de 1746 salieron de La Habana dos Jabeques de la Compañía de la Habana, mandados por don Juan de Cañas a recorrer la costa del Sur de la isla y recalando sobre la de Jamaica, a tres leguas, encontraron y apresaron una gran fragata inglesa mercante del porte de 30 cañones de pequeño calibre, con 450 toneles de aguardiente, otros tantos de azúcar, porción de tablones de caoba, frutos y nueve negros esclavos. Tras poner una tripulación de presa la despacharon a La Habana mientras ambos jabeques seguían su patrulla.

Sobre el puerto de Savaba, en la misma Jamaica, encontraron un paquebote de guerra inglés. Se trataba del guardacostas de Jamaica con 16 cañones montados. Los jabeques de inmediato le dieron caza y a media legua de la costa, y tras izar las banderas, comenzaron a batirle a cañón. Esto duró unas dos horas, pero viendo el comandante Cañas que así no le iban a poder doblegar optó por resolver la situación al abordaje. Ya sabéis, si Mahoma no va a la montaña…

Los jabeques hábilmente se abarloaron por popa y proa, con tanta intrepidez que lograron meter a bordo del paquebote hasta 200 hombres, con sable y pistola en mano. Pero a bordo del buque inglés había 136 hombres que se dispusieron a rechazar a los españoles. Fue tanto su empeño que durante casi dos horas aguantaron en cubierta. Así que desde los jabeques se empezaron a tirar los mencionados frascos de fuego y a los ingleses, a consecuencia de esto y del daño de los asaltantes, no les quedó más remedio que retirarse a la bodega.

Hubiera sido complicado rendir a los ingleses que se habían hecho fuertes ahí abajo, pero nuevamente se pusieron los españoles a lanzar frascos de fuego por las escotillas, lo que les acabó por decidirse a la rendición.

Había sido una escabechina. De los 136 tripulantes ingleses murieron en la acción, o estaban mortalmente heridos, unos 100 hombres, entre ellos los oficiales y el capitán. Los españoles tuvieron 5 muertos y 15 heridos. Concluida la función y receloso el comandante español de ser perseguido, ya que desde la cercana costa enemiga se hacían señales, resolvió acertadamente retirarse a la Habana. Antes envió a los supervivientes ingleses en la lancha del paquebote a la costa. Supongo que el capitán Cañas comprendería que ya habían tenido bastante como para encima hacerlos prisioneros y los dejó ir. Al mismo tiempo, con su presa, se fueron del lugar. En el viaje aun tendrían tiempo, y ánimos, de apresar otra fragata inglesa de 16 cañones, cargada de azúcar, algodón y aguardiente.


-         Frascos de fuego
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Vasijas de vidrio que, llenas de pólvora de fusil, flor de azufre u otro mixto incendiario, se arrojaban al navío enemigo durante un abordaje, habiendo encendido previamente la mecha de que iban provistas, impregnada de azufre. Por reglamento, los navíos llevaban en el S. XVIII dos frasqueras de a 15 frascos de fuego cada una, cuatro las fragatas, ocho las galeotas y doce los jabeques. 


Manuel Maqueda