domingo, 5 de febrero de 2012

EL MARINO VELASCO Y EL CASTILLO DEL MORRO

EL MARINO VELASCO Y EL CASTILLO DEL MORRO


La historia que hoy venimos a narrar es de aquellas que ponen el vello de punta y nos enseñan, que cuando todo parece perdido y la lucha un sin sentido, basta un soldado español, de temple firme y buenos modos militares para volcar la situación.

No es la defensa del castillo del morro el unico acto heroico de este capitan. Tiene su precedente en el año 1742, cuando navegaba al mando de una fragata de tan solo treinta cañones, entre Veracruz y Matanzas . Vio su camino interceptado por dos navios ingleses de mayor porte y artilleria, distanciados entre si algunas millas. Vio nuestro heroe la oportunidad y no se lo penso dos veces, se acerco a la primera nave, muy superior en tamaño y artilleria, como hemos dicho,a la suya , y la cañoneo a quemarropa abordandola seguidamente, una vez rendida esta , sin darse por satisfecho arremetio contra la segunda con tal ímpetu que al poco esta, arrio la bandera de combate, sustituyendola por la de auxilio. De esta forma tomo las dos presas y regreso a la Habana con las dos fragatas presas y el doble de prisioneros que lo que constituia su propia tripulacion.
Siendo esta toda una hazaña, no es la que nos motiva para traerla al blog, donde Luis Vicente Velasco alcanzo la gloria inmortal, fue unos años después al mando de la defensa del fuerte del Morro (antigumente llamado De los Tres Reyes)

El dia 6 de Junio de 1762 se presenta ante la Habana una escuadra inglesa con la intencion de conquistarla, viene al mando del almirante Pocok, con 27 navios de linea, 15 fragatas y cerca de doscientos transportes con un ejercito de 14.000 soldados de la perfida.
La junta de defensa encarga la defensa del castillo del morro a Velasco, en la entrada del puerto, entendiendo que un combate naval, no tiene sentido debido a la enorme diferencia de fuerzas, tan solo concurren por parte española 8 navios de guerra.
Desembarcan los ingleses 8.000 infantes que rapidamente sitian el Castillo del morro, elevandose la cifra a 10.000 tras desembarcar otros 2.000 al oeste del castillo.
Velasco ciega las entradas del castillo, de forma que a partir de ese momento el aprovisionamiento y salidas del castillo se haran mediante un sistema de poleas al estilo naval.
El castillo tenía 64 cañones, entre sus frentes terrestre y marítimo. La guarnición inicial la componían 3.000 soldados de línea, 50 de marina, 50 artilleros y 300 gastadores negros, que se relevaban cada tres días.
Más adelante se reforzó el Morro con las dotaciones de los buques y además de los 50 soldados de marina llegó a haber 479 entre condestables, artilleros de mar y marineros.
Realizados todos los preparativos los ingleses ,el primero de julio destacan 4 navios para batir el Castillo desde el mar y tambien desde las posiciones de tierra.  Contra estas ultimas nada se podia hacer ya que 6.000 infantes ingleses las guarnecian, sin embargo otra cosa distinta fue en el mar. Con gran maestria Velasco responde al fuego ingles. Con sus treinta cañones pone en fuga a su atacante con mas de 200 cañones, causandole ademas enormes destrozos en las naves atacantes.
Por tierra se rechazan tambien las embestidas de la infantería britanica causandola tambien sensible daño.
De esta forma tan heroica como desesperada resiste Velasco, siendo herido de diversa consideración varias veces, durante mas de 40 dias, en los que ni duerme, acudiendo de un lado a otro, dirigiendo el fuego y animando a la guarnicion con un temple y energia, que evita el desmoronamiento de la moral.
Los ingleses, de otra parte, continuan reforzando sus lineas esta vez desde Nueva York con nuevas fuerzas al mando del general Burton, estos como no consiguen doblegar el fuerte recurren a la colocacion de una mina con la que pretenden derruir parte de los muros del castillo.
Para concluir la narración cederemos la palabra al parte de operaciones:
Como a la una y media de la tarde se oyó un sordo estampido que no podía confundirse con los fuegos que ordinariamente se hacían. La mina había abierto una pequeña brecha en el baluarte de la Tejada; al no ver defensores en las inmediaciones, trepó a lo alto un grupo de veinte granaderos británicos, a los que siguieron muchos más.
El capitán Párraga, con denodada determinación y con sólo doce soldados, detuvo unos minutos a los asaltantes en la rampa, que desde el baluarte descendía al interior del recinto, pero pronto sucumbió ante el elevado número de sus enemigos. No obstante, su resistencia consiguió alertar a Velasco, que con atronadora voz y la espada en la mano acudió intrépidamente, al frente de tres compañías, a tratar de impedir la entrada de los asaltantes en la plaza de armas del castillo.
A la primera descarga cayó gravemente herido en el pecho, recomendando a su segundo que no desamparase la bandera que ondeaba luciendo al Sol de Cuba. González acudió a defenderla, cayendo junto a ella mortalmente herido y a su lado otros siete oficiales que acudieron igualmente a cubrir ese puesto de tan alto honor.
Montes también fue herido; al fin hubo de izarse la bandera blanca, pues toda resistencia, sólo provocaría más bajas.
Keppel entró en la fortaleza; se precipitó en la sala de armas, donde curaban a Velasco, le abrazó y le dio a escoger entre pasar a curarse a la plaza o ser asistido por los mejores médicos británicos; optó por lo primero, como no podía ser de otra manera.
A las seis de aquella misma tarde se hizo una tregua, siendo conducidos a la plaza en una falúa Montes y Velasco, acompañados por un ayudante del campo de lord Albemarle. Las heridas de ambos no presentaban carácter mortal; la de Velasco, aunque en el busto, por un costado, no dañaba los pulmones ni ninguna víscera, lo que presagiaba una larga temporada en la cama, pero nada más. No obstante le subía la fiebre; se consideró indispensable la extracción de la bala, y después de realizada la dolorosa operación, que sufrió con gran estoicismo, sobrevino el tétanos y con él la inesperada muerte, pues su herida no era para ello.
Esta es la historia de otro magnifico soldado español al que los propios ingleses guardaron admiración rindiendole honores hasta muchos años después de su muerte y que sin embargo es un perfecto desconocido aquí en su tierra Patria, vaya desde estas lineas nuestra admiración, y respeto a tan insigne soldado.

Manuel Maqueda