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miércoles, 17 de diciembre de 2014

Yo tuve la fortuna de conocer a un héroe sencillo

Leyendo la prensa digital veo un articulo en SIERRA NORTE DIGITAL.  de Francisco Torres, profesor y escritor especializado en la División Azul.
Por su especial interés y humanidad lo traigo a este blog.


Yo tuve la fortuna de conocer a un héroe sencillo


Un correo electrónico en algunas ocasiones te deja sin palabras y hace que los recuerdos desfilen ante tus ojos. Nunca le agradeceré lo suficiente a Néstor que, en momentos de dolor, se haya acordado de mí.
Gracias a él puedo dar el último adiós a uno de mis más valientes y admirables Soldados de Hierro, José Antonio Ramos, voluntario de la División Azul, herido muy grave en Krasny Bor, once años preso en los campos de concentración soviéticos, Vieja Guardia de la Falange, miembro de la Acción Católica; el hombre al que Garcia Rebull, en unas notas reservadas sobre el comportamiento de los soldados españoles cautivos, añadiría de su puño y letra la calificación de “muy bueno” que solo tuvieron unos pocos, porque el “pequeño Ramos” fue allá, donde más difícil lo era, un héroe a diario.

Hace muchos años, casi tres décadas, un viejo amigo ya fallecido, Alejandro, me dijo: quieres conocer a un valiente. No lo dudé. Unos días después me encontraba con José Antonio. Y allí con una grabadora de cinta de por medio -alguno de mis lectores ya ni sabrá a lo que me refiero- me fue desgranando su vida, narrándome una década de sufrimientos que habían quedado en su memoria. Todavía le dolían las heridas de Krasny Bor, cuando al caer prisionero, pese a saber y ver que los rusos remataban a los que no podían andar -un año antes los prisioneros eran directamente pasados por las armas-, quería poner fin al sufrimiento de una muere lenta, pero su teniente, Honorio, no le dejó, le ayudó a continuar arrastrándose, pero sin caer.

José Antonio era un hombre de tremenda fe. Me recordaba la persecución, la vida en la Murcia roja, su participación en la liberación de la ciudad antes de que entraran los nacionales. Aquel chico de la Acción Católica de Santa Eulalia nunca perdió la fe. Me confesaba que él nunca creyó que pudieran salir del cautiverio en los campos de concentración soviéticos, pero nunca perdió su fe, allí rezaba siempre. Para mí que Dios le dio fuerzas. El pelo se le quedó prematuramente blanco y los presos le llamaban “el profesor”. En dos o tres ocasiones me relató el “favor” que le hizo un médico en el campo llegándole a diagnosticar tuberculosis. Lo hizo para intentar alargar su supervivencia y volvió a España creyendo que tenía una enfermedad que entonces se consideraba casi mortal. Poco después volvió a tener noticias de aquel doctor alemán que le explicó lo acontecido: “y yo en aquel hospitalillo, conviviendo con los esputos y utilizando las mismas cucharas. Lo que no sé es cómo no enfermé de verdad”.

José Antonio fue de los primeros en alistarse. Algunos no creían que tuviera el valor para hacerlo. Le decían, dada su religiosidad, que “olía a cera”. Pero el pequeño Ramos consiguió plaza y acabó en la 4ª Compañía del 263, era de los más jóvenes. Había recuperado sus estudios de peritaje y con su hoja de servicios tenía abiertas todas las puertas, pero…

A finales de marzo de 1943 ya estaba en el lugar de concentración para volver a España, habían dejado aquellos hombres sus equipos de invierno. El general Esteban Infantes ordenó retrasar la salida ante el inminente ataque soviético en Krasny Bor. La situación de la División Azul, situada en el punto de ruptura, era crítica. Dicen que se pidieron voluntarios entre los que iban a volver y Ramos volvió a su unidad sin botas de invierno. En la noche del diez de febrero su compañía avanzó, su capitán resultó mortalmente alcanzado. Al ver al pequeño Ramos el teniente Martín le ordenó que cogiera las botas del capitán: “yo no quería, pero Martín no cejó… aquellas botas irían conmigo”. En aquel avance quedaron cercados formando en cuadro con las máquinas apuntando a los cuatro puntos cardinales hasta quedar sin munición.

Dura muy dura fue la vida en los campos, pero nunca percibí en su relato odio o resquemor. Incluso con aquellos otros españoles, alguno de su propia provincia que le tomó especial inquinia, desertores o antiguos republicanos, que fueron sus guardianes. En una ocasión le pregunté por aquellos hombres. Me dijo: “no quisiera yo…” Y desconecté la grabadora. Guardaba muchos secretos porque fue de los insobornables, hasta tal punto que Muñoz Grandes, una vez en España, le llamó en varias ocasiones, tenía que prestar declaración sobre el comportamiento de los oficiales. Me consta que fue sincero, que contó lo que había vivido aunque desmitificara a personas. Le ofrecieron puestos de confianza, que se quedara en Madrid… pero quería seguir en Murcia, volver a la vida, recuperar los años perdidos, formar una familia… pensó en retomar sus estudios pero se veía muy mayor por lo que en 1954 iniciaba su carrera profesional.

En varias ocasiones las lágrimas asomaban a sus ojos y teníamos que parar porque se hacía realidad todo lo sufrido. Me relataba el dolor de su madre primero cuando se dio por vencida y admitió la muerte -conservaba su esquela-, después la alegría de saber que estaba vivo. Guardo copia de unas fotografías, como la que ilustra este recuerdo, de su retorno: en Barcelona con su padre y su hermano. Fue un encuentro entre el padre y el hijo, conmovedor hasta tal punto que aparece en el reportaje realizado por NODO, Retorno a la patria, de la llegada del Semíramis. Una fotografía en la que su padre le coge la cara con las dos manos, con los rostros desencajados, fue premio periodístico. La última vez que le vi lamentaba haberla perdido. Yo le había localizado algunos documentos y le prometí encontrarla. Finalmente la conseguí pero no he podido entregársela. Tengo otra foto de aquella noche en Barcelona de los tres, el padre con sus dos hijos, y lo trascendente es que los rostros siguen desencajados: “mi padre me cogió la mano y no me la soltó hasta que llegamos a Murcia”.

Retornó con sus compañeros como un héroe. Las Juventudes de la Acción Católica con su estandarte al frente fueron a recibirle en el límite de la provincia. A hombros entró en la Catedral  y él, pese a su natural modestia, gritó a pleno pulmón:  ¡Viva Cristo Rey! Y allí estaba su madre. También guardo varias fotografías, simiente para un nuevo libro, de aquel encuentro de la madre con el hijo. Había guardado como un tesoro sus cartas y sus postales.

En una ocasión le acompañaba una de sus nietas. Yo le comenté ¿sabes que tu abuelo fue un héroe? Y él, naturalmente, sonreía con su proverbial no fue para tanto. Deberían haberle dado la Medalla Militar Individual, pero… En mi última visita musitaba: “yo ya quiero descansar”. Me admiraba su serenidad al decirlo como hombre de fe que sabe que la vida comienza después. Se ha ido rodeado de los suyos -como a todos nos gustaría marchar-, tranquilo y sereno, diciendo que iba a ver a sus padres.

Queda para su familia el ejemplo, su vida, su dedicación. Para mí, además del recuerdo, la gratitud por compartir retazos de su vida conmigo. Sus confesiones: en realidad los que resistimos siempre fuimos muy pocos; y me recitaba los apellidos como una letanía bien guardada para que yo no olvidará su testimonio.

El testimonio sin importancia de las heroicidades: como aquella huelga de hambre en el campo de concentración soviético mantenida durante días, con torturas para hacerles comer a la fuerza, en la que a pesar de llegar a la debilidad suma, cuando los rusos pusieron bidones con comida caliente a las puertas de la barraca se levantaba para ir a tirarlos al suelo. Testimonio de la desesperación de ver a quien en el hospitalillo llegó a cortarse las venas a mordiscos. Testimonio de un resistente que no se rindió el día que fue hecho prisionero. Testimonio a veces increíble de ir a trabajar cantando el Cara al Sol -“a los rusos les entusiasmaba hacernos cantar”- hasta que alguien explicó al jefe comunista qué era aquella canción -“nunca más supimos de él-.

José Antonio, allá donde estés, desde estas líneas, desde las páginas que las acojan, un lacónico ¡Presente!; cinco rosas y una oración. Eso es todo y es mucho. Eso sí, quedamos en el cielo para que me sigas contando cosas.



Autor Francisco Torres

miércoles, 29 de octubre de 2014

UNO DE TANTOS

EL PASADO MES DE OCTUBRE SE CELEBRO UN CONGRESO INTERNACIONAL SOBRE EL SETENTA ANIVERSARIO DE LA DIVISIÓN AZUL. A EL ASISTIERON IMPORTANTES PERSONALIDADES DEL MUNDO INTELECTUAL Y MILITAR ESPAÑOL, ASÍ COMO PERSONALIDADES ACADÉMICAS NORTEAMERICANAS Y DE LA EXTINTA UNIÓN SOVIÉTICA. DE EL NOS HEMOS PERMITIDO ENTRESACAR UNA DE LAS COMUNICACIONES QUE SE LEYERON:





HISTORIA DE UNO DE TANTOS:


Buenos tardes:
            Mi nombre es Manuel Maqueda, hijo orgulloso de la historia del voluntario Fernando Maqueda Valbuena, Voluntario de la primera hora, enrolado en las filas de la division a raiz de aquella famosa frase de “RUSIA ES CULPABLE”
            Hablo en nombre de mi padre hoy dia un anciano cuya salud le impide venir aquí a contaroslo en persona, tambien hablo en el nombre de muchisimos divisionarios anonimos, que he conocido a lo largo de mi vida.
Divisionarios que al acabar la guerra regresaron a sus quehaceres civiles, sin reclamar prevenda alguna por su paso en la division.
Estos divisionarios ven hoy dia , los pocos que quedan entre nosotros, enturviada la realidad del porque fueron a luchar a tierras lejanas contra la bestia roja, en su propia guarida.
Ven como la verdad, su verdad, es sacrificada en aras de la correccion politica, incluso algunos descendientes de ellos se permiten el atrevimiento de protituir su memoria, falsificandola miserablemente, tan solo para recibir algunas monedas del actual staff de manipuladores historicos. Sostenidos , no por sus meritos, si no, mas bien         por su servidumbre a politicos sin escrupulos.


En defensa de la memoria de mi padre y la de la mayoria de los voluntarios, es por lo que cuento su historia. Historia que no es producto de la imaginación, si no de la memoria, memoria que ademas esta perfectamente documentada y por lo tanto es verificable .
Sin mas paso a dar la palabra a este divisionario que en realidad cuenta su historia pero podria ser la de cualquier otro divisionario

Fernando Maqueda
Nací  en Badajoz el 28 de agosto de 1920. Soy hijo de Daniel Maqueda, un ingeniero agrónomo y de María Valbuena, ama de casa. La guerra me sorprendió en Madrid cuando estudiaba el bachillerato en el Instituto San Isidro, uno de los más antiguos de España, si no el que más. Al ser mi padre ingeniero, y católico, la seguridad familiar empezó a estar amenazada. El peligro y el acoso de las milicias rojas aumentaban día a día. Los registros y vigilancias eran constantes y por ello mis padres decidieron huir a Barcelona donde pasaríamos desapercibidos. Allí mi padre tenía algunos amigos. Una vez en Barcelona mi padre me matriculo en el instituto lo que me hizo visible a la administración, ninguno pensabamos que eso podria tener consecuencias negativas para mi, sin embargo las cosas marchaban mal en la zona roja y pronto la republica echo mano de los niños para defenderla, eso hizo que  los rojos me movilizaron por mi edad  en la famosa quinta del biberón., del 41- mientras la cosa se redujo a la instrucción y a labores de retaguardia soporte el estar en un ejercito que evidentemente no era el mio,

Recien acabada la guerra civil

Y menos después de ver escenas en la retaguardia que manchaban todo aquello en lo que yo habia sido educado y que atacaban frontalmente mis creencias, no ya religiosas , si no simplemente humanas. en mayo de 1938. Me enviaron al frente a una unidad que entró en fuego al comienzo de la batalla del Ebro. Cruzamos el río y traté de aprovechar algún descuido para pasarme al bando nacional pero no lo conseguí; era muy peligroso. La oportunidad tardó en llegar pero al final lo logré el 5 de enero de 1939 cuando mi batallón guarnecía un pueblo en el frente de Artesa de Segre, en Lérida. El pueblo se llamaba Tudela de Segre. Los nacionales habían comenzado su ofensiva para la liberación de Cataluña y empujaban fuerte hacia el Este. Por la parte de Artesa de Segre comenzó la preparación artillera nacional y entre las fuerzas rojas la moral y la tensión en la vigilancia decrecían. Al amanecer se corrió el bombardeo hacia nuestro sector y aproveché la oportunidad para cruzar la tierra de nadie hacia zona nacional. No fui el único. Nos llevaron a los pasados y a prisioneros republicanos en un campo de concentración en León. Allí estuve unos 15 días, el tiempo necesario para que se aclarasen mis antecedentes. En mi caso no fue difícil porque tenía a dos hermanos combatiendo a las órdenes del Caudillo. Tras otra breve estancia en un campamento de Milicias nacionales, precisamente en Valladolid, en Olmedo, me incorporé a una bandera de Falange de mi tierra, concretamente a la 3ª Bandera de F.E.T. y de las J.O.N.S. de Badajoz. Fue justo a tiempo para participar en marzo de 1939, como reserva, en las roturas de los frentes de Córdoba y Granada. Estando en esta provincia llegó el final de la guerra. Aquel mes con los nacionales me supo a poco ya que mi familia sufrió muchísimo durante la guerra. Varios miembros de mi familia fueron asesinados de forma horrible.
Continué movilizado en esta 3ª Bandera –luego se reconvirtió en un Regimiento de Infantería, el Oviedo nº 8- a la vez que preparaba el examen de ingreso para Derecho en la Universidad Central de Madrid, a donde había regresado mi familia. Opté por Derecho cuando en realidad lo que a mi me gustaba era el tema de los números, pero en aquel entonces no existía la carrera de Económicas. Allí, en la Facultad, me afilié al SEU y, como era bastante bueno en deportes, acabé siendo el delegado de la Facultad en esa materia. Por aquellos años conocí a Manuel Fraga Iribarne; recuerdo que quería hacer todo de la misma forma que habla, es decir a la carrera. Precisamente, cuando se entrevistó conmigo quería apuntarse a carreras de obstáculos; yo le dije que lo primero era aprender a correr y luego podría saltar en condiciones. Este Manuel era muy cabezón y se empeñó en que no, que él quería empezar desde arriba, al final pasó lo previsible; acabó con una pierna rota y sin correr.

Realizando estas labores, centrado en mis estudios y en mis deportes, llegó aquel verano del 41 cuando los alemanes invadieron la URSS. No me lo pensé ni un minuto, recuerdo que ni los libros recogí, se formó un gran tumulto en el hall de la facultad y salimos en manifestación hacia la calle Alcalá. A medida que avanzábamos se sumaba mas gente hasta ser una manifestación multitudinaria. Cuando llegamos frente a la Secretaría del Movimiento Serrano Suñer nos arengó en la lucha contra el comunismo; la verdad es que no hizo falta, pocos eran los que no tenían cuentas pendientes contra los comunistas. A los pocos días se habilitaron los banderines de enganche, yo tuve suerte ya que fui de los primeros en acudir junto a mis camaradas del SEU, por lo que pude ir en las listas sin problemas. A las pocas horas el cupo previsto se cubrió y a más de uno le tocó viajar a provincias para intentar alistarse, eso o recurrir al socorrido enchufe para conseguir un hueco. Por tanto soy de la primerísima hornada de la División Azul.

Hospital de koniesberg

Koniesberg

Se han dicho muchas necedades sobre los voluntarios de la division azul, por ejemplo que eramos nazis. Ó que fuimos obligado; no me he planteado nunca conflicto alguno por haber luchado en la Wehrmacht, no hice la campaña rusa en defensa del nazismo, fui en defensa de Europa contra el comunismo. Dejé mis estudios sólo por este motivo. Hoy día la gente joven, no entiende lo que fue aquello, no se leen mas que tonterías. En aquel entonces aquel suceso fue como un chispazo que hizo que toda la juventud de España quedara electrizada, todo el mundo quería alistarse, fue como si todos a una le hubiéramos declarado la guerra al comunismo soviético. Los horrores de esta gente estaban demasiado frescos en la memoria de todos, además habían salido a la luz episodios espeluznantes de los comunistas durante nuestra guerra. España entonces era pobre, nos faltaba de todo menos “corazón y pelotas” como decía por aquel entonces [José Antonio] Girón de Velasco.

Salimos de Argüelles, no recuerdo el nombre del cuartel y fuimos a embarcar en los trenes que nos llevarían al frente. Radio macuto [la rumorología militar] echaba humo, todos teníamos prisa porque según los macutazos la guerra estaba a punto de acabar y no llegaríamos a tiempo de intervenir. Eso para nosotros era desesperante; constituía un deshonor no poder estar en el campo de batalla. Gracias a Radio macuto, ya se sabe, todo noticias y ninguna fiable, nos veíamos arrasando a los soviets montados en esos tanques enormes que salían en los noticiarios y en la prensa; qué chasco nos llevamos después al ver que nuestros tanques tenían cuatro patas y rabo.


Convaleciente, Koniesberg

En Grafenwöhr me destinaron como fusilero a la 1ª/269º. Al llegar al frente la animación empezó rápidamente. Mi compañía operó en la <<Cabeza de Puente>> que formamos los españoles al otro lado del río Volchov. Yo era cabo de Infantería pero tuve que hacer las funciones de sargento porque rapidamente nos quedamos sin mandos . Los rusos no eran los rojos españoles del final de nuestra guerra. La cosa pronto se puso fea; cuantos más rusos tumbábamos más rusos salían de los bosques, aquello parecía no tener fin. A pesar de lo feo que estaba el asunto gozábamos de un excelente sentido del humor y en los escasos días que los ruskis nos dejaban tranquilos aprovechábamos para hacer escapaditas a los pueblos cercanos. Aquella población nos tenía cautivados, era increíble lo pobres que eran y sin embargo se sumaban a nuestros saraos y siempre aparecían con algunas patatas o algo para cambiar. La verdad es que aprendimos más de ellos a protegernos del frío que lo que decían los instructores y oficiales nuestros. Me atizaron pronto, cinco días después de ganar la Cruz de Hierro. Fue en Possad, el 15 de noviembre del 41. Un balazo ruso me atravesó el hombro izquierdo y me salio por el brazo; creo que fue desde una ventana, no sé, cuando estás en mitad del fregado no te enteras muy bien. Al final, aquel insoportable frío me salvó la vida, estábamos tan rodeados por el enemigo que no nos podían evacuar de inmediato. Había que esperar a que se reuniera una expedición de heridos y escolta para las ambulancias. El frío hizo que tanto el agujero de entrada como el de salida se congelaran por lo que pude aguantar hasta ser evacuado sin tener infección en las heridas. Aquellos días perdí un montón de buenos camaradas pero cuando se lucha por un ideal la muerte no es el final, yo tan solo he ganado unos años más, hoy día ya me falta poco para reunirme con ellos y volver otra vez en busca de panienkas. Me enviaron al Hospital de Campaña y de allí a Königsberg. Aquí primero estuve en un hospital alemán aunque pronto abrieron uno exclusivo para la División Azul. Allí trataban de curarnos pero tampoco es que nosotros se lo facilitásemos a los médicos. Formamos una cuadrilla de heridos y nos escapábamos del hospital a disfrutar de la ciudad. El oficial medico se cabreó bastante la primera vez que nos pillaron, la segunda nos amenazó y a la tercera nos devolvió al frente sin terminar de curarnos. Esto nos dio otro motivo de juerga, ya que nuestra pinta -llenos de vendajes- espantó a los alemanes. Se hacían de cruces al vernos medio convalecientes camino del frente, pero claro, ellos no sabían el motivo de tan apresurada devolución.


Koenisberg

Mis peores enemigos fueron el barro y el frío. Lo cierto es que cuando empezaba a helar los españoles lo agradecíamos. No pasábamos tanto frío y penalidades como en el tiempo en que el asqueroso agua-nieve lo cubría todo. En el otoño o primavera, en cuanto subía la temperatura, aparecía esta rasputiza [barro] que era desmoralizadora. Pero claro, una cosa es estar de 0 a -10º y otra es a partir de -20º, cuando lo más sencillo, como hacer tus necesidades, se convierte en una odisea. Horrible y muy complicado era realizar cualquier operación de mantenimiento de armas, ya que si lo hacías con manoplas, no había forma de acertar con las piezas ni los utensilios, y si lo hacías sin manoplas era dolorosísimo tocar cualquier cosa metálica. En cambio, con la alimentación no sufría tanto como otros compañeros. Nunca he sido persona de mucho comer y me bastaba con el rancho que nos daban sin perjuicio de que, dada mi afición a las escapadas hacia retaguardia, completase la comida con productos de la tierra que conseguíamos mediante el trueque: leche por tabaco y caramelos; dos pollos por calcetines o un jersey militar. La ropa para el mercadeo la conseguíamos de las formas más inverosímiles; éramos el terror de la intendencia, ningún depósito estaba a salvo cuando rondábamos cerca. Y también hacíamos uso de restos del uniforme de los heridos que evacuaban hacia retaguardia. Lo hacíamos porque si volvían al frente la intendencia les proporcionaba ropa nueva y, si no volvían, pues todos tranquilos. El dinero y las cosas personales, cartas, etc., claro está, se las entregábamos al sargento para que lo enviasen a España a la familia, pero su ropa nos la repartíamos. No estábamos para devolverla a la intendencia y para nosotros resultaba muy útil.

Paris, a la vuelta

            Esto es lo que quiero contar de mi estancia en la División Azul. No estoy para recuerdos. Mi cabeza está fallando y los momentos de lucidez son cada vez más escasos. Me condecoraron con varias Medallas, entre otras con la Cruz de Hierro, 2ª Clase, con la Medalla de Sufrimientos por la Patria y con el Distintivo de Herido alemán, una placa negra. Fui uno más de entre los voluntarios. Tengo derecho a recibir el pago de dos pensiones, una del ejercito alemán y otra del español, pero nunca las he reclamado; a Rusia no fuimos a ganar dinero, si no a librar al mundo del comunismo. Me hubiera parecido inmoral el reclamarlas.

                                           


camino a España

Al volver a España, después de tanta guerra, continué con mis estudios interrumpidos y acabé mi carrera en la Universidad Central [la Complutense] de Madrid. Recuerdo un incidente, para mi bastante gracioso. Un día, en casa de mis padres, se presentó en mi busca una pareja de números de la Guardia Civil ya que figuraba como prófugo en los archivos militares. Les recibí en pijama por lo que les pregunté a los guardias si no les molestaba que me cambiara y ellos amablemente accedieron. Cuando volví a salir, a los pobres por poco no se les cae el fusil al suelo; como de un tema militar se trataba salí vestido de militar, con todas mis condecoraciones por supuesto. Los pobres no sabían que hacer, se excusaron y decidieron no llevarme ya que tenía mayor rango que ellos; aun así les acompañé y la cosa fue divertidísima porque hasta que no se arreglaron los correspondientes papeles, resulto que yo era un recluta “Cabo” al que los instructores debían de saludar cada vez que se cruzaban conmigo. El Capitán de la Compañía, lógicamente, decidió darme permiso indefinido hasta que se arreglaron los papeles porque, según él, “así no hay quien instruya a los reclutas”. No acabo aquí mi vida militar ya que entre tanto hice la IPS [Instrucción Premiliar Superior] primero como sargento de complemento y después como alférez de complemento, licenciándome como tal en septiembre de 1946. Se dice pronto, desde que me movilizó la República hasta que me licencié como alférez de la IPS en septiembre de 1946 –cuando estaba destinado en el Regimiento de Infantería Tarragona nº 43 de guarnición en Pontevedra- he tenido 8 años de vida militar.

volviendo al frente

Pude entrar a trabajar en la empresa Huarte y Cía., que fue una de las contratistas de las obras del Valle de los Caídos. Casi todo lo que se cuenta hoy día sobre la construcción del Valle es mentira. Allí no hubo decenas de miles de obreros esclavos, yo por mi trabajo tuve acceso a las plantillas y en total los obreros del Valle fueron unos cinco mil y eso durante los varios años que tardó en construirse. Es más, los presos eran minoría y dentro de ellos la mayoría eran presos comunes siendo unos pocos centenares los políticos. La gente piensa en las películas de las construcciones de las pirámides, eso está muy alejado de la realidad, lo que allí hacía falta eran especialistas, la maquinaria que empleábamos era puntera en aquel entonces y necesitaba de gente cualificada y no de mano de obra sin especialización. Una de mis misiones fue la de viajar por España para contratar obreros especializados para las obras del Valle. En los primeros tiempos me consta que hubo penados de la República y delincuentes comunes que redimieron pena trabajando. Pero nadie piense en campos de concentración; se construyó un poblado con escuela, casa de socorro y todos los servicios que compartían tanto obreros libres como penados. Todos ellos cobraban un salario que estaba por encima de lo que se pagaba en el resto de España. Alguno de los presos, una vez libres, se quedaron a trabajar en el Valle. Se han dicho muchas falsedades sobre este magnífico Monumento a la reconciliación de todos los españoles. Murieron sólo 14 obreros en su construcción, y lo más bonito es que bajo esa gran Cruz de Cuelgamuros hay enterrados 35.000 españoles de ambos bandos; los monjes rezan por ellos. Es hermoso que juntos reposen los que un día se enfrentaron en los campos de batalla.

San Sebastian, bien rodeado

Soy admirador del Caudillo, de la guerra que ganó contra la anarquía y el caos de la Revolución; de la obra de su régimen y del desarrollo que trajo a España. Pero la verdad es que nunca me ha interesado la política en especial. En la universidad estuve en el SEU como encargado de deportes, pero era debido a que me gustaba el deporte más que hacer ningún tipo de política. Acabada la carrera abandoné el SEU y cualquier actividad política. Nunca perdí el contacto con la División, siempre pagué mi cuota en la Hermandad de excombatientes, aunque reconozco que pocas veces hacía acto de presencia salvo con dos amigos y camaradas; uno de ellos el entrañable Guillermo Ruíz Gijón. Él era de otra unidad, de Esquiadores, pero hicimos gran amistad y esporádicamente me llevó a la sede de la Hermandad de veteranos. La verdad es que, una vez casado, me dediqué al trabajo y a la familia. He leído, eso sí, algunos libros sobre la División Azul; mis favoritos son los de Tomas Salvador, Fernando Vadillo y “Embajador en el infierno” de Luca de Tena. Acabé mi vida laboral en una filial de Huarte, en una constructora hispano-belga que fue la que desarrolló urbanísticamente la Manga del Mar Menor, en Murcia.
Alferez de complemento
En 1956 contraje matrimonio con Concepción Lorenzo Lara. Persona a la que desde aquel año uní mi destino. Ella, durante la guerra permaneció en Madrid y también fue acosada por el terror rojo ya que su padre, don Vicente, era médico y eso le hacía sospechoso de faccioso. Cierto es que los milicianos no andaban descaminados porque este médico ejemplar, que gozaba de una buena casa en la calle Relatores, se dedicó a salvar vidas durante la guerra. La fórmula era sencilla, la casa daba la vuelta sobre si misma teniendo dos puertas y Don Vicente partió la casa en dos dejando una habitación secreta en el medio. Cuando los milicianos registraban la casa nunca encontraban a ningún refugiado en ella, por más que la malnacida de la portera se chivara una y otra vez. Llegaron incluso a tenderle trampas mandando falsos refugiados de parte de la quinta columna, pero Don Vicente, muy avispado, jamás cayó en la trampa. No acogía a nadie si no venía de sus contactos, él los denunciaba, con el resultado de que siempre eran milicianos, de esta forma aunque siempre bajo sospecha burló una muerte segura.
verano, 1942
No tuvieron la misma suerte algunos familiares de mi mujer, ni tampoco su ayudante un joven de 16 años que fue quemado vivo, por pertenecer a la falange, la lista de asesinatos cometidos en aquellos años por los comunistas es interminable y difícilmente imaginable para los que no vivieron aquellos horrores.

 Concepción y yo hemos tenido cuatro hijos varones. Uno de ellos militar y el resto militaron en la Falange de los años de la Transición. Tengo  cinco nietos y mi vida está llegando a su término. Tengo principio de alzheimer y me cuesta ya recordar algunas cosas pero con 91 años bastante bien estoy.
El dia que me toque rendir cuentas con el altisimo, se que una de mis mejores bazas para entrar en el cielo, sera precisamente mi paso por la division azul.


Desfilando ante el ministro


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lunes, 27 de mayo de 2013

MARTA ROURE FARSANTE AL DESCUBIERTO


 
Desgraciadamente, ya estamos acostumbrados, a que la ominosa izquierda radical se empeñe en cambiar la historia, todo ello a base de mentiras y descalificaciones, sin mas razón que la propaganda política, en la peor de sus variantes. La mentira

Hace unos días en un cuartel de la guardia civil de Cataluña se celebro un acto en el que fueron reconocidas algunas asociaciones, entre ellas se encontraba la hermandad de la división azul de la región.

A esta infame casta de antiespañoles les falto tiempo para ladrar sus mentiras, pero claro, su lema es .  Miente a los cuatro vientos que algo quedara.

Bien, les traigo una de las mentiras de estos farsantes, que para el común de los mortales , parece una historia triste, y como no, a traves del sentimentalismo, aprovecha para difamar a la división azul.



Esta espécimen de mentirosa ó mejor dicho inventa historias cuenta, un cuento que no resiste el menor análisis.
Lo que ella escribe lo pondré en rojo, color que de seguro no la molestara lo mas mínimo.

Dice así la Martita

Sábado, 25 de mayo del 2013 Marta Roure (Arenys de Mar)

Soy nieta de Jaume Valls Torrents y provengo de una familia catalana con ideas independentistas. Mi abuelo fue uno de los muchos combatientes de la quinta del biberón, de los pocos que sobrevivieron a la batalla del Ebro. Con 17 años y poco después de hacer el servicio militar, le hicieron ir de voluntario a la División azul

Ya en los cuatro primeros párrafos miente como una bellaca, veamos

1ª mentira.  La quinta del biberón eran las quintas de 1920 y 1921 y dice que su abuelo fue a la división con 17 años.  ¿Cómo es posible?  Si fue de la quinta del biberón tendría en el momento de alistarse en la división  20 ó 21 años
2ª mentira. Dice que después de hacer el servicio militar “le hicieron ir de voluntario”. Que estupidez, sabemos que los voluntarios salieron de los banderines de enganche de la falange y de los cuarteles con gente en servicio militar. Una vez licenciados el ejercito ya no pinta nada en las decisiones de los exsoldados.


Continua la infame Martita


, esa que últimamente está en boca de todos. Mientras hacía la instrucción, alguien vio que aquel chico de casi dos metros de altura, rubio y con ojos azules encajaría de maravilla en la División Azul y con los nazis... Lo cuento porque cada vez que oigo hablar de este homenaje que se les ha hecho se me revuelve el estómago pensando en mi pobre abuelo, al que todos tachan de amigo de los nazis y otras barbaridades. Parece que nadie recuerda que buena parte de esta división la formaban soldados obligados a presentarse como voluntarios.

3ª mentira Nos habla de que encajaría entre los nazis, esta indigente intelectual, desconoce que la división no compartía trincheras con los nazis, ya que una división es una unidad orgánica del ejercito que actúa de forma autosuficiente, en otras palabras los españoles tenían sus propios servicios y el frente que cubrían lo hacían sin mezclarse con los soldados alemanes.
4ª mentira. Esta propagandista, nos dice que buena parte de los divisionarios eran obligados. ¿Por qué. Entonces en el acuartelamiento de Alemania en grafenhof, cuando se pide voluntarios para regresar a España por exceso de tropa, no quiere regresar ni el tato.?
¿Sabias Martita, que los menores de 18 años cuando eran descubiertos eran devueltos a España?
¿Sabias, que se presentaron en dos días 45.000 voluntarios? ¿Para que, llevar gente obligada de menor valor combativo ¿


Continua con su retahíla de mentiras

Mi abuelo nunca quiso condecoraciones ni reclamó ninguna pensión, y al no aceptarlo en casa se vivieron muchos años de pobreza. Siempre he oído decir que nunca volvió a ser el mismo después de todo aquello, de todo lo que debió ver y sufrir. Fue uno de los dos supervivientes de su batallón

5ª mentira  Se inventa que su abuelo fue de los dos supervivientes de su batallón, ¿de que división habla? Eso no ocurrió en ningún momento Marta NO mientas, porque mientes


lo condecoraron con la cruz gamada de hierro, que mantuvo siempre guardada en un cajón porque le recordaba los dos días que pasó rodeado de los cadáveres de sus compañeros. Les puedo asegurar que, gracias a la poca memoria histórica que hay, mi abuelo se debe de estar removiendo en su tumba por partida doble: porque se les ha hecho un homenaje a estos excombatientes y porque algunos políticos y periodistas le meten en el mismo saco.

6ª mentira Curiosamente tu abuelo no figura en el listado de condecorados con la cruz de hierro. ¿Qué crees que las repartían en el rancho? No será que tu la historia de tu abuelo la has inventado tu. Empiezo a pensar seriamente que si.
7ª mentira Dices que la guardaba en un cajón, ¿Es lógico guardar el recuerdo de algo a lo que fuiste obligado y de lo que guardas un pésimo recuerdo?


Conclusión Martita eres mas falsa, que las promesas de nuestros políticos


Fdo. Manuel Maqueda

sábado, 18 de mayo de 2013

PUNTUALIZACIONES

Decir que Pérez Reverte (el bueno no el Martínez) es un gran escritor, no es descubrir nada nuevo. Pero eso no significa que haya que estar de acuerdo con el, en todo lo que dice, ni que a veces, tal vez por querer ser equidistante,  sus opiniones  estén bien fundadas.

Reverte hace poco ha publicado un artículo en relación al aniversario de Krasny bor y posteriormente otro en relación a la polémica suscitada por la publicación del primero.

Bien, a raíz de este articulo quisiera hacer una serie de consideraciones, sobre la opinión de Reverte. Autor, sobre el que tengo magnifica opinión, aunque tiene cierto tufillo a progre en su manía de descalificar, sin grandes argumentos, el régimen anterior, por el intento, creo yo, de marcar distancias con el mismo, sabiendo como el sabe, que defender la historia y el heroísmo de nuestros soldados a lo largo de la historia no convierte a nadie en franquista.

Como lógicamente mis lectores no, tienen porque haber leído dicho articulo os lo transcribo para ver de que estamos hablando.





Recordando KRASNY BOR.

Mi abuelo paterno, que era uno de esos republicanos de antes, cultos, viajados y con biblioteca, escéptico como todo hombre sabio, solía repetir una frase que yo, de pequeño, no alcanzaba a penetrar del todo: «Los españoles sólo servimos para salir en los cuadros de Goya». No fue sino más tarde, cuando leí libros, viajé y me familiaricé con cuadros como los del 2 de Mayo en Madrid o el Duelo a garrotazos, cuando comprendí a qué se refería mi abuelo, y por qué, entre todos los pintores españoles, utilizaba a Goya como clave lúcida. Como amarga referencia.

Hace unas semanas hice un experimento. Se cumplían 70 años de la batalla de Krasny Bor, cerca de Leningrado, donde 5.000 españoles de la División Azul encajaron el ataque de dos divisiones soviéticas integradas por 44.000 hombres y 100 carros de combate: una compañía aniquilada, varias diezmadas, oficiales pidiendo fuego artillero sobre su propia posición por estar inundados de rusos. Abandonados a su suerte, durante todo el día pelearon como fieras, a la desesperada. Casi la mitad murieron o desaparecieron, pero frenaron a los rusos, les hicieron 10.000 bajas y obtuvieron de Hitler este comentario: «Extraordinariamente duros para las privaciones y ferozmente indisciplinados». Y, bueno. Tales son los hechos y así los conté en la red social Twitter, donde recalo algunos domingos, añadiendo que entre los divisionarios no todos eran voluntarios falangistas, pues también había ex combatientes republicanos y gente que se alistó por hambre o para ayudar a algún familiar encarcelado o en desgracia. Añadí que la causa que defendían era infame, pero eso no alteraba el hecho básico: eran compatriotas, estaban en el infierno y pelearon con bravura admirable. «Quienes nos gobiernan deberían prestar atención a esas cosas -escribí-. La Historia ha probado mil veces que no hay nada más peligroso que un español acorralado».

Lo interesante vino luego: tres mil opiniones de tuiteros. Yo había mencionado un hecho histórico, destacando un coraje y una tenacidad independientes de tiempos o ideologías. Algo que ocurrió y que está -debería estar- en los libros de Historia por las mismas razones que la toma de Tenochtilán, el saco de Roma o la liberación de París por los republicanos españoles de la Nueve. Y sin embargo, no pueden imaginar la que se lió en Twitter: los insultos y descalificaciones entre quienes discutían. Algunos me incluyeron, claro. Eso fue lo más revelador: ultraderechistas acusándome de rojo por haber calificado de infame la causa que la División Azul defendía en Rusia, y ultraizquierdistas acusándome de facha por hablar de la División Azul en vez de sepultarla en el negro olvido. Y entre unos y otros, docenas de tuiteros tirándose los trastos a la cabeza con argumentos ideológicos, orillando el hecho principal: el episodio histórico, su épica objetiva y su interesante consideración. La Historia, en fin, que no es buena ni mala, sino llave para comprender el pasado y el presente. Y a veces, para prever el futuro.

Así que una vez más recordé las palabras de mi abuelo. Pensé en Goya. En ese cable suelto que los españoles llevamos sumergido en bilis en algún lugar del corazón. En ese rencor cainita, desaforado, siempre dispuesto a simplificar el mundo en un estúpido nosotros y ellos. En esa necesidad nuestra, no de vencer y convencer, sino de vencer y exterminar al vencido. Borrar hasta su huella. Fusilar al que levanta las manos, en vez de ofrecerle un pitillo y mirarlo a los ojos. Prueben a elogiar en público el valor de moros y cristianos en Las Navas, o el de republicanos y nacionales en El Ebro. Saltarán voces criticando la igualdad de trato, la falta de etiqueta diferencial, la ecuanimidad ante el valor y el sacrificio, como si éstos tuvieran que depender de ideologías para ser admirables. Nadie puede ser admirable si no pertenece a mi bando, es la lectura final. Esto repugna y entristece, porque no es de ahora. Pese a lo que afirman los tontos, no lo inventó Franco, ni la República: viajemos a la Dictadura, a las guerras carlistas, a Fernando VII, a la Inquisición. En pocos lugares de Europa hubo tanta saña y tanta vileza. Mientras en otros países -también en eso envidio a Inglaterra- la inteligencia o el valor del adversario son a menudo motivo de admiración y respeto, en España no hacen sino aumentar la envidia; la ira de quien, una vez dueño de la trinchera, remata la faena con toda clase de vejaciones introductorias al tiro en la nuca. Tiro que, por otra parte, aplica con más entusiasmo quien nunca corrió riesgos antes. Quien más lejos anduvo, durante el combate, del verdadero campo de batalla.

Pérez Reverte


Una vez leído el texto tengo que plantear algunas cuestiones. Nos dice Reverte que la motivación de la División fue infame.
Mi pregunta es clara, ¿acaso asume, el señor Reverte, el argumento giliprogre de que la división azul acudió a la guerra a ponerse al lado de la causa nazi.?
Bien para un hombre al que considero inteligente, le planteo la siguiente cuestión.
Si la División azul estaba interesada en el nazismo, ¿porque no se formo al comienzo de la guerra?.¿ Porque si lo hizo cuando empezó la campaña contra Rusia.?
La respuesta es clara, la división azul no era de ideología nazi, tan solo era de ideología anticomunista. De esto se dieron grandes muestras, tales como las preguntas a Franco sobre las intenciones de la división por parte de los mandos militares españoles..
 Ó cuestiones  como la jura de fidelidad a hitler en su LUCHA CONTRA EL COMUNISMO. Hecho que inhabilitaba a la división para participar en otros frentes que no fueran el ruso. Y además  alteraba el juramento acostumbrado en el ejercito Alemán , para el resto de unidades.
Nos habla también de soldados forzados  ¿Por qué? Entonces, al llegar al campamento en Alemania, se pidieron voluntarios para regresar a España por exceso de tropa y nadie quiso regresar. Hasta el punto de tener que formar el Batallón de reserva móvil.

Por otro lado en toda la documentación que busque el señor reverte no encontrara si no frases relativas a la lucha contra el bolchevismo y nunca como dice el otro reverte contra el judeó bolchevismo.

También recurre a otro argumento disculpatorio que es falso, como es decir que alguna gente fue a la división huyendo del hambre. Falso también, por aquel entonces la organización Todt reclutaba obreros en España con destino a Alemania con sueldos cuando menos iguales, (que normalmente eran superiores al de los divisionarios) y desde luego en aquel entonces sin riesgo de que te pegaran un tiro.

Y ya puestos a corregir, decirle a Reverte que no fueron dos divisiones rusas sino cuatro y reforzadas con algunos regimientos de esquiadores siberianos.
 


Por lo demás , sobre todo el cainismo español, solo puedo decir AMEN


Manuel Maqueda